KAST, LAS “METÁFORAS” Y LAS COINCIDENCIAS QUE COMIENZAN A PESAR
Una nueva controversia vuelve a tensionar el relato presidencial: mientras José Antonio Kast niega haber trabajado con Fernando Cerimedo y reduce su vínculo a simples coincidencias, antecedentes periodísticos y testimonios sitúan al consultor argentino cerca de su entorno político y de campaña. La pregunta queda abierta: ¿se trata realmente de encuentros circunstanciales o de una relación que aún no ha sido completamente esclarecida?

Hay algo que comienza a repetirse en la relación del presidente José Antonio Kast con la prensa: cuando una afirmación de campaña es confrontada con la realidad, la respuesta cambia, se relativiza o se redefine.
Durante la campaña presidencial fue categórico con la inmigración irregular.
En el debate de Anatel advirtió que a los migrantes les quedaban 92 días para abandonar voluntariamente Chile y afirmó que después vendrían las consecuencias.
Pero ya instalado en La Moneda, cuando los periodistas comenzaron a preguntarle por qué aquello no había ocurrido, la promesa adquirió un significado diferente.
Primero reconoció que era evidente que no podía sacar a 300 mil personas en el “día uno”.
Después fue todavía más lejos: sostuvo que aquello había sido “una metáfora” y que quien hubiera entendido literalmente el mensaje lo había interpretado mal.
Cuando Daniel Matamala lo entrevistó a los 80 días de gobierno, volvió a enfrentar preguntas precisamente por el retraso de las expulsiones, la seguridad y otras medidas centrales de su programa. Su respuesta fue que se avanzaba “paso a paso”.
Y no ha sido el único cambio.
Se prometió una auditoría externa internacional al Estado.
En abril el propio Gobierno descartó realizarla por razones presupuestarias y la sustituyó por una revisión interna.
Durante la campaña se habló de cerrar el Instituto Nacional de Derechos Humanos. Meses después, el Ejecutivo comenzó a hablar de reformarlo, mientras también permanecían pendientes otros compromisos anunciados durante la campaña.
Incluso un estudio elaborado por doce centros de pensamiento de oposición sostuvo, al cumplirse los primeros 90 días, que cerca del 80% de las medidas que ellos contabilizaron no registraba avances. Naturalmente, por provenir de organizaciones opositoras, ese informe debe leerse considerando su origen político; pero demuestra que la discusión sobre la distancia entre campaña y gobierno ya está instalada.
Y ahora aparece Fernando Cerimedo.
El hombre conocido por su trabajo político digital y relacionado con operaciones de redes sociales permanece en prisión preventiva en Bolivia mientras se investiga su presunta responsabilidad en el ataque contra su expareja, acusación que él niega.
En el allanamiento realizado por las autoridades bolivianas se informó además del hallazgo de una denominada “mini granja de bots”.
Su expareja, Nadia Beller, ha entregado un testimonio todavía más delicado: afirma que Cerimedo decía haber trabajado con el “equipo de K”, que se atribuía participación en el triunfo presidencial chileno y que mantenía contactos permanentes con Chile durante el proceso electoral.
Son afirmaciones que requieren investigación y corroboración independiente.
Además, investigaciones periodísticas han establecido cruces anteriores entre Cerimedo y personas que posteriormente quedaron ubicadas en el entorno gubernamental o comunicacional de Kast, particularmente a propósito de campañas políticas anteriores.
¿Qué respondió hoy el Presidente?
Que sí conoce a Cerimedo, pero que jamás trabajó con él en ninguna de sus campañas.
Según Kast, simplemente coincidieron porque Cerimedo acompañaba delegaciones de otros dirigentes y presidentes.
Y aquí aparece una pregunta legítima.
¿Cuántas veces puede uno “coincidir” con un operador político internacional que trabaja precisamente en campañas electorales antes de que la coincidencia merezca una explicación más detallada?
Porque Cerimedo no era un turista perdido entre la multitud.
Era un consultor político vinculado a campañas latinoamericanas, especializado justamente en comunicación digital, redes y generación de tendencias.
Y hoy existen testimonios y antecedentes periodísticos que lo sitúan orbitando espacios donde también aparecen personas vinculadas al mundo político de Kast.
Nada de esto demuestra, por sí solo, que José Antonio Kast lo haya contratado.
Y sería irresponsable afirmarlo mientras no exista evidencia que lo acredite.
Pero tampoco parece razonable pretender cerrar la discusión simplemente diciendo: “lo conozco, coincidimos varias veces, pero nunca trabajó conmigo”.
Sobre todo cuando venimos de una campaña en que afirmaciones categóricas posteriormente terminaron convertidas en explicaciones, reinterpretaciones, plazos abiertos y hasta “metáforas”.
Por eso el problema ya no es solamente Cerimedo.
El problema comienza a ser la credibilidad de la palabra presidencial.
Cuando aquello que ayer parecía una promesa literal hoy era una metáfora; cuando aquello que se iba a hacer cambia una vez instalado el Gobierno; y cuando alguien que aparece repetidamente cerca del ecosistema político termina convertido simplemente en una serie de coincidencias, entonces la prensa tiene no sólo el derecho sino la obligación de seguir preguntando.
Quizás Kast efectivamente nunca contrató a Fernando Cerimedo.
Quizás todas fueron coincidencias.
Quizás.
Pero en democracia las dudas no se despejan pidiendo que dejemos de preguntar.
Se despejan con antecedentes.
Y por ahora, en el caso Cerimedo, todavía faltan demasiados.
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