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Kast ya tiene mayoría… pero en la desaprobación: 55% cuestiona su gestión

A pocos meses de instalado el llamado “gobierno de emergencia”, la desaprobación ciudadana supera con holgura a la aprobación y comienza a instalar una incómoda pregunta sobre su capacidad de conducción. La salida de ministros, subsecretarios y autoridades regionales, sumada a señales de improvisación en áreas sensibles como la seguridad, dibuja un escenario donde el Ejecutivo parece haber cambiado las botas y espuelas por una cueca brava, tratando de mantener el equilibrio mientras crece el descontento ciudadano.

Víctor Reyes3 min de lectura

A poco más de cinco meses de haber llegado a La Moneda bajo la promesa de un “gobierno de emergencia”, José Antonio Kast enfrenta una señal política difícil de maquillar: dos encuestas distintas sitúan su desaprobación sobre el 54%. Mientras la aprobación intenta recuperarse desde mínimos anteriores, la mayoría ciudadana continúa evaluando negativamente al Gobierno y crece la percepción de improvisación precisamente en una de sus principales banderas: la seguridad.
Mirar solamente el 33% de aprobación que registra José Antonio Kast cuenta apenas una parte de la historia. La cifra políticamente más relevante de la última encuesta Criteria está al otro lado de la tabla: 55% de los consultados desaprueba la gestión presidencial. Pulso Ciudadano llega prácticamente a la misma conclusión: 54,4% de desaprobación frente a 33,8% de aprobación. Es decir, dos mediciones distintas colocan a más de la mitad del país evaluando negativamente al Gobierno.

La distancia es considerable. En Criteria existe una brecha de 22 puntos porcentuales entre quienes desaprueban y quienes aprueban. Y hay otro antecedente que probablemente debería preocupar todavía más a La Moneda: una semana atrás la desaprobación estaba en 52% y ahora alcanza 55%, mientras la aprobación bajó de 35% a 33%.
Por eso cuesta sostener que estamos simplemente ante dificultades comunicacionales o el desgaste natural de cualquier administración. El problema comienza a instalarse en aquello que alguna vez fue presentado como la principal fortaleza del oficialismo: la capacidad para gobernar con orden, rapidez y seguridad.
Según Criteria, 42% considera directamente que el Gobierno no tiene un plan claro en seguridad y que está improvisando, mientras otro 30% señala que tiene algunas ideas, pero no un plan definido. Apenas 19% cree que existe efectivamente un plan claro.
El dato es especialmente incómodo para una administración que llegó a La Moneda proclamándose como un “gobierno de emergencia”. Porque una emergencia supone conducción, coordinación y decisiones previamente pensadas; no una sucesión permanente de correcciones, explicaciones y cambios de autoridades.
El desgaste institucional tampoco es únicamente una percepción opositora. Un análisis publicado este domingo por El País contabiliza 36 autoridades que han salido de sus cargos durante los primeros cinco meses del Gobierno, describiendo además dificultades persistentes para construir una vocería y un relato político estable.
Es cierto —y sería poco serio ocultarlo— que Pulso Ciudadano muestra una recuperación de Kast respecto de julio: pasó de un mínimo de 25,6% a 33,8% de aprobación. También existen medidas concretas de seguridad que obtienen amplio respaldo ciudadano.
Pero precisamente por eso el fenómeno resulta más interesante: los ciudadanos pueden apoyar determinadas políticas y al mismo tiempo desaprobar al Gobierno que las impulsa.

Incluso el nuevo estado de excepción constitucional, una de las apuestas más relevantes del Ejecutivo, obtiene en Criteria 49% de rechazo frente a 40% de apoyo.

Ahí aparece probablemente el verdadero problema político: no basta con anunciar mano dura ni multiplicar operaciones comunicacionales si una mayoría de ciudadanos todavía no percibe conducción suficiente detrás de ellas.
De las botas y espuelas a la cueca brava
En marzo el Gobierno llegó al escenario con lenguaje de emergencia, autoridad y certezas. Cinco meses después, la música parece haber cambiado.
La cueca oficial todavía intenta marcar el compás de las botas y las espuelas, pero los números muestran otra pista: ministros, subsecretarios y autoridades regionales que van quedando por el camino; reformas que necesitan explicaciones posteriores; expectativas económicas debilitadas y una desaprobación que nuevamente supera ampliamente la aprobación.
Y así, cuando se acerquen las Fiestas Patrias y corresponda bailar el inevitable pie de cueca presidencial, quizás la metáfora política resulte imposible de evitar:
el Gobierno que prometió entrar zapateando con botas y espuelas podría terminar bailando una cueca bastante más brava, tratando de no perder el pañuelo mientras un 55% de los espectadores ya desaprueba la coreografía.

Porque las encuestas no gobiernan, por supuesto.

Pero cuando más de la mitad del país desaprueba a un Gobierno que recién comienza, tampoco conviene tratarlas simplemente como ruido.

La emergencia que Kast prometió enfrentar podría estar empezando a trasladarse desde las calles hacia el propio Palacio de La Moneda.

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Víctor Reyes
Redacción · 30 de agosto de 2026 · 11:07

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