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¿Hasta dónde llega un teléfono cuando dos investigaciones comienzan a cruzarse?

La incautación del teléfono del abogado Hugo Gutiérrez en la trama Junaeb abre una discusión que podría ir mucho más allá del secreto profesional: si una extracción judicialmente autorizada revelara antecedentes vinculados a Miguel Ángel Calisto, la investigación podría eventualmente rozar su otra causa por fraude al Fisco en Coyhaique, donde mantiene prohibición de comunicarse con Roland Cárcamo y Carla Graf. Por ahora, el cruce es sólo una hipótesis jurídica; lo que contenga el dispositivo y hasta dónde pueda revisarse sigue siendo una incógnita

Víctor Reyes2 min de lectura

¿Hasta dónde llega un teléfono cuando dos investigaciones comienzan a cruzarse?
Un celular incautado por la Fiscalía en la trama Junaeb acaba de abrir una pregunta que puede resultar bastante más incómoda que el propio aparato.
Hugo Gutiérrez pide que nadie revise indiscriminadamente su teléfono. Su argumento es jurídicamente atendible: es abogado y allí existirían conversaciones, documentos y estrategias de clientes protegidos por el secreto profesional.
Pero el problema comienza exactamente donde termina ese secreto.
Porque Gutiérrez no aparece en esta historia solamente como abogado. Figura como imputado en la investigación Junaeb junto a los senadores Sergio Gahona y Miguel Ángel Calisto, en una causa que busca determinar si existieron gestiones destinadas a favorecer a una empresa en licitaciones de alimentación escolar.
Y Calisto tiene, además, otra carpeta abierta.
En Coyhaique enfrenta una causa por presunto fraude al Fisco junto a Roland Cárcamo y Carla Graf, precisamente las dos personas respecto de las cuales un tribunal le impuso en mayo una prohibición de comunicación, además del arraigo nacional.
Entonces surge una pregunta inevitable.
¿Qué pasaría si una extracción judicialmente autorizada del teléfono de Hugo Gutiérrez encontrara comunicaciones que no sólo hablaran de Junaeb?
¿Qué ocurriría si fechas, interlocutores o intermediarios terminaran tocando también la causa de Coyhaique?
Nada de eso puede darse hoy por establecido.
Pero tampoco puede descartarse antes de conocer qué contiene el dispositivo y hasta dónde permitirá llegar el tribunal.
Ese es quizás el verdadero nerviosismo detrás de la discusión sobre el secreto profesional: determinar dónde terminan las conversaciones legítimamente reservadas de un abogado y dónde comienzan los antecedentes que una investigación penal tiene derecho a conocer.
La Fiscalía buscaba respuestas sobre Junaeb.
Puede que encuentre solamente eso.
O puede que un teléfono termine convirtiéndose en el punto donde dos expedientes que hasta ahora caminaban separados comiencen inesperadamente a mirarse.
La justicia todavía no conoce la respuesta.
Y esa es, precisamente, la parte más inquietante de la historia.
Mantendría ese tono: sugerente y políticamente incisivo, pero sin afirmar que existen mensajes o incumplimientos que todavía no están demostrados.

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Víctor Reyes
Redacción · 25 de agosto de 2026 · 12:42

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