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Opinión

Pretensiones australes o cómo pasarse de rosca

Víctor Reyes6 min de lectura

Por Jorge G. Guzmán — Máster en Relaciones Internacionales y Doctor en Estudios Polares (Universidad de Cambridge), académico y empresario magallánico. Columna publicada originalmente en El Mostrador.

Teniendo en cuenta que, hasta aquí, la diplomacia profesional chilena no fue capaz de asegurar al país el necesario resguardo nuestro interés permanente como Nación, resulta absolutamente apropiado y necesario volver a apelar a la autoridad del Presidente de la República.

Las declaraciones de un alto oficial en servicio activo de la Fuerza Aérea Argentina, respecto de la importancia que para su país tiene controlar “Magallanes, el sur y el Paso Drake” revelan que -al menos en las fuerzas armadas del vecino- las pretensiones sobre territorios australes chilenos no se extinguieron con el Tratado de Paz y Amistad de 1984 (TPA).

Dicho de otra forma: que si bien ese tratado estableció, primero, que su texto constituía la solución completa y definitiva de las cuestiones a que él se refiere (delimitación marítima en el Mar de la Zona Austral) y, segundo, que a partir de entonces ambos países no presentarían reivindicaciones ni interpretaciones que sean incompatibles con lo establecido, en 2025 ya transitamos en un escenario en que todo eso ha sido dado por superado por la contraparte. Así de simple.

En los hechos, a partir de 2009, Argentina revirtió la situación imperante en el Mar Austral americano a aquella que existía antes de 1984.

Primero, reclamando un espacio de plataforma continental más allá de las 200 millas proyectada desde el extremo sureste de la isla Grande de Tierra del Fuego, para englobar miles de kms2 y de suelo y subsuelo marino chileno, y crear una barrera geo-legal en el meridiano del Cabo de Hornos para bloquear la proyección chilena desde y hacia la Península Antártica: el principio bioceánico 3.0.

Esa pretensión es parte del diseño de plataforma continental extendida que se exhibe en los edificios públicos y en las aulas argentinas bajo la falsa premisa de que ella ha sido aprobado por Naciones Unidas. No es así.

De adicional importancia es que las pretensiones argentinas sobre espacios submarinos chilenos están metodológica y geopolíticamente vinculadas a su reclamo irredento sobre las islas Falkland/Malvinas, Georgia y Sándwich del Sur: el método geo-legal de Derecho del Mar utilizado es el mismo.

En la medida que Chile avaló el reclamo argentino (que incluye los espacios marítimos adyacentes a estos archipiélagos), nuestro país no solo afectó la naturaleza de sus derechos sobre territorios submarinos al sureste del Cabo de Hornos, sino que contribuyó a validar políticamente la lógica del alegato argentino. Todo esto es responsabilidad de las cancillerías de sucesivos gobiernos chilenos (con la excepción de la Cancillería Piñera 2).

La Boca Oriental _argentina_ del estrecho de Magallanes

Más recientemente, las Fuerzas Armadas argentinas han comenzado a postular la tesis de la administración conjunta del estrecho de Magallanes (Directiva de Política Defensa Nacional 2021) y, en ese marco, han iniciado una campaña para imponer el concepto de Boca Oriental argentina del estrecho.

Ocurre, sin embargo, que el Tratado de Límites de 1881 no solo estableció que la integridad de ese pasaje interoceánico es total y absolutamente chilena, sino que el Tratado de 1984 agregó que, en este aspecto, Argentina (se entiende a perpetuidad) se obliga a mantener, en cualquier tiempo y circunstancias, el derecho de los buques de todas las banderas a navegar en forma expedita y sin obstáculos a través de sus aguas jurisdiccionales hacia y desde el Estrecho de Magallanes.

Asimismo, para mayor claridad, ese mismo instrumento precisó el límite internacional en la Boca Oriental, fijando que esta corresponde a una línea recta que une al hito de Punta Dúngenes (en el Norte, Patagonia) y el hito del cabo Espíritu Santo (en la parte sur, Tierra del Fuego).

Todos lo demás es fantasía geopolítica argentina. Depende de Chile aceptarla o no.

Las razones argentinas

Los medios nacionales destacan que en los próximos días los pasos fronterizos con Argentina volverán a cerrarse por mal tiempo. Mirada esta circunstancia desde la perspectiva argentina, se trata de un dato más que preocupante.

Es sabida la urgencia que los exportadores de ese país tienen por acceder a los puertos chilenos en el Pacífico, dado que -especialmente después de la pandemia- sus exportaciones crecientemente se concentraron en mercados del Pacífico.

Visto el asunto desde el interés de esos exportadores, las promesas de un corredor bioceánico no son más que cantos de sirena. Sobre lo mismo, un alto funcionario brasilero experto en la cuestión de los corredores me comenta que, si alguno de ellos fuera posible, simplemente ya se habría hecho.

Constatada esta realidad es que, hoy por hoy, los principales usuarios del estrecho de Magallanes son los exportadores/importadores del Mercosur, especialmente los brasileros y también los argentinos.

Mientras que el agro argentino tiene su principal mercado en China, ocurre que la ruta marítima del estrecho es, en millas náuticas, días en la mar, consumo de combustible, emisiones de CO2, etc., mucho más conveniente que la de Panamá, Sunda o Málaca (a las élites de Santiago no les vendría mal una sesión de Google Earth).

Aquí reside, en nuestra opinión, la motivación que existe en círculos cada vez más amplios de Argentina por acceder al control de los pasos marítimos australes, comenzando con el estrecho de Magallanes.

Como sustrato de esa pretensión valga recordar que, por lo pronto, la población argentina al sur de la latitud de Aysén supera en cuatro veces a la población chilena. La población de nuestra Provincia de Tierra del Fuego, ergo, aquella ubicada entre la costa sur del estrecho y el canal Beagle, no alcanza a las nueve mil almas. En contraste, solo el puerto argentino de Ushuaia, sobre el canal Beagle tiene 84 mil habitantes. Juzgue usted.

Desde una óptica más amplia (y preocupante), las declaraciones del aviador argentino sirven para ilustrar cómo estamos adentrándonos en un periodo de fricción con Argentina, a propósito de los territorios australes y, por extensión, antárticos.

El nuevo escenario austral y la urgencia de la intervención presidencial

Mirado este complejísimo problema en perspectiva (y desde la orilla del estrecho de Magallanes), nos parece que, por largo tiempo, nuestra Cancillería subestimó la gravedad de esta nueva situación y, para no reconocer errores y omisiones, decidió guardarlo en una gaveta.

Entre otras cosas, hasta aquí Chile ni siquiera nombró a su representante ante la Comisión de Conciliación del Tratado de Paz y Amistad, invocada por Argentina en 2023 para discutir la superposición de reclamos de plataforma continental al sur de cabo de Hornos (un diferendo marítimo de hecho y de derecho).

Al respecto, se sabe que este semana se celebrará la Reunión de Consultas Políticas entre las Cancillerías de los países, para, precisamente, revisar los problemas prioritarios y planificar futuras acciones conjunta.

Teniendo en cuenta que, hasta aquí, la diplomacia profesional chilena no fue capaz de asegurar al país el necesario resguardo a nuestro interés permanente como Nación, resulta absolutamente apropiado y necesario volver a apelar a la autoridad del Presidente de la República, pues sin una instrucción presidencial en fuerte y claro, esta peligrosa circunstancia seguirá complicándose.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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Víctor Reyes
Redacción · 25 de agosto de 2026 · 08:20

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