Camioneros y poder: ¿patriotismo sobre ruedas o gremio politizado?
Un repaso al historial de movilizaciones del transporte de carga y a las distintas respuestas de los gobiernos ante las alzas de combustibles.

Camioneros y poder: ¿patriotismo sobre ruedas o un gremio históricamente politizado?
Las palabras del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, merecen algo más que una lectura económica. Ante las fuertes alzas del diésel, destacó el “patriotismo” de los camioneros por no paralizar el país. El Gobierno de José Antonio Kast ha mantenido una relación cercana y un diálogo permanente con las organizaciones del transporte de carga.
La expresión resulta especialmente interesante cuando se mira la historia.
En octubre de 2000, durante el gobierno de Ricardo Lagos, miles de camiones se movilizaron en las carreteras exigiendo, entre otras cosas, una fuerte reducción de los impuestos a los combustibles. Lagos adoptó una posición muy distinta: rechazó negociar mientras las rutas estuvieran ocupadas y sostuvo que ningún sector podía imponer sus demandas utilizando su capacidad de bloquear caminos.
Su argumento sigue teniendo vigencia: una organización que dispone de miles de vehículos pesados posee una capacidad de presión que no tiene un trabajador, un jubilado o una familia común. Lagos planteó precisamente esa desigualdad y afirmó que una cosa era declararse en paro y otra apropiarse de caminos pertenecientes a toda la ciudadanía.
Veinte años después, durante Piñera II, el escenario fue bastante diferente. En 2020 los camioneros protagonizaron varios días de movilizaciones y finalmente alcanzaron un acuerdo con el Gobierno.
La propia administración de Sebastián Piñera informó que las organizaciones aceptaron su propuesta y depusieron la movilización; posteriormente se suscribió un protocolo relacionado con seguridad y reparación a víctimas de violencia.
Con Gabriel Boric, nuevamente aparecieron movilizaciones. En noviembre de 2022, la Confederación Fuerza del Norte anunció un paro indefinido que incluía la inmovilización de carga y reclamaba, entre otras materias, por los combustibles.
Y llegamos a 2026.
El Gobierno de Kast enfrenta fuertes incrementos del diésel. Hacienda reconoció que todavía quedaban importantes aumentos por traspasar y este 9 de septiembre se confirmó otra subida de $89 por litro.
Los camioneros calificaron la noticia como “menos mala de lo esperado” y expresaron preocupación, pero no anunciaron una paralización.
Entonces surge una pregunta legítima.
¿Qué cambió?
¿Cambió la naturaleza del diésel? ¿Cambió el efecto que tiene su precio sobre los costos del transporte? ¿Dejó de afectar a los pequeños propietarios?
¿O cambió simplemente el Gobierno?
No corresponde afirmar que todos los camioneros tengan una determinada posición política. El transporte de carga reúne organizaciones diferentes, pequeños propietarios, conductores y grandes empresarios con intereses que no necesariamente coinciden. Pero su historia obliga a distinguir entre los trabajadores que conducen camiones y las dirigencias empresariales capaces de utilizar miles de máquinas como instrumento de presión política.
Por eso quizá la pregunta más interesante no sea si el gremio camionero se politizó.
Tal vez sea otra:
¿Alguna vez dejó de estar politizado?
Y aquí aparece la ironía final. Cuando un camión atravesado en una carretera presiona a un gobierno adversario puede llamarse movilización gremial. Cuando ese mismo camión permanece estacionado mientras gobiernan los cercanos, ahora resulta ser una demostración de “patriotismo”.
Curiosa unidad de medida.
Al parecer, en Chile hasta el patriotismo se calcula por litro de diésel… y según quién tenga las llaves de La Moneda.
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