Kast y la toma silenciosa del poder
Kast no llegó al poder por improvisación, sino tras años de construcción ideológica, organización y persistencia. Hoy, con el Estado en sus manos y una oposición debilitada, la disputa ya no es solo electoral: es por los límites del poder, la fortaleza de los contrapesos democráticos y la capacidad de una ciudadanía desmovilizada para impedir que una mayoría circunstancial se transforme en hegemonía duradera.

Kast y la toma silenciosa del poder
José Antonio Kast no llegó a La Moneda por accidente. Durante años construyó un proyecto político coherente, disciplinado y persistente, situado en el sector más doctrinario de la derecha chilena. Cuando otros moderaron su discurso, él optó por profundizarlo, construir organización propia y esperar las condiciones adecuadas para convertir una posición antes marginal en poder de Estado.
Su llegada al gobierno no debe leerse solo como una victoria electoral, sino como la culminación de una estrategia de largo plazo: instalar un relato, formar cuadros, disputar el sentido común, organizar alianzas y transformar una visión ideológica en programa de gobierno.
Por eso el problema central no es únicamente qué reformas impulsa Kast, sino qué tipo de poder está construyendo. Cuando cambios económicos, reorganización del Estado, fortalecimiento presidencial, discursos de orden y seguridad y una oposición debilitada avanzan al mismo tiempo, la pregunta democrática pasa a ser cuánto poder puede concentrarse antes de que los contrapesos comiencen a perder eficacia.
La democracia no desaparece necesariamente de un día para otro. También puede vaciarse lentamente: mantener elecciones, Congreso y tribunales, pero reducir progresivamente la capacidad real de la ciudadanía para influir sobre las grandes decisiones políticas y económicas.
Ahí está la ventaja de Kast frente a sus adversarios: tiene proyecto, organización y dirección, mientras buena parte de la oposición todavía intenta reconstruirse después de su derrota y una ciudadanía desmovilizada observa desde fuera.
Hesse decía que, para que aparezca lo posible, primero hay que insistir en aquello que parece imposible.
Kast insistió.
Organizó.
Esperó.
Ganó.
Y ahora la cuestión decisiva ya no es cómo llegó al poder, sino hasta dónde pretende llevarlo y quién tendrá la capacidad política y social de ponerle contrapesos.
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