Kast promete escuchar a “cualquier sector” tras años de confrontación: La rectificación forzada de un gobierno sin votos ni respuestas concretas
Tras construir una identidad nítidamente de trinchera, el mandatario ahora busca acuerdos y correcciones, pero evade propuestas reales frente a la severa crisis económica y social.

En su primer Te Deum Evangélico en La Moneda, José Antonio Kast abrió la puerta a escuchar recomendaciones de “cualquier sector político” y a corregir el rumbo de su agenda. Un giro que contrasta fuertemente con la identidad nítidamente confrontacional que construyó durante años y que lo llevó al poder, evidenciando que su discurso de unidad llega solo cuando la realidad del Congreso lo aplasta.
La contradicción es evidente: apenas diez días atrás, en el Foro Madrid, Kast advertía a los suyos sobre el riesgo de quedar atrapados en la disputa con la izquierda. Sin embargo, hoy la realidad del ejercicio del poder lo obliga a asumir que, para avanzar en el Congreso, no basta con tener razón ni con los votos propios; hay que negociar y ceder, dejando en claro que su anterior estrategia era inviable.
Pese a este supuesto pragmatismo, el mandatario no entregó ninguna propuesta concreta para enfrentar los graves problemas del país. Se limitó a asegurar que su gobierno ha conseguido “acuerdos en aquellas materias importantes” y que ha recibido respaldos en iniciativas sociales, reconstrucción y seguridad, sin detallar en qué consisten esos entendimientos ni cómo se materializarán para la ciudadanía.
Mientras Kast hablaba de apertura, el obispo Héctor Cancino del Valle entregaba un duro diagnóstico desde el púlpito. Habló de polarización, una “severa crisis económica”, “violencia pública inédita” y pérdida de confianza institucional, describiendo el escenario como una “crisis del alma nacional”. Un reflejo fiel de la realidad que el gobierno no puede seguir evadiendo con discursos vacíos.
Ante este complejo cuadro, la respuesta del Presidente fue refugiarse en vaguedades. “Pasamos por un momento duro, pero tenemos que salir adelante juntos”, sostuvo, identificando dificultades en seguridad, empleo y vivienda, pero sin asumir responsabilidades ni presentar un plan concreto para enfrentar la crisis que el propio Cancino retrató.
Kast aseguró que “el llamado a la esperanza es lo que más recojo”, ignorando que Chile, como pidió el obispo, no necesita “más profetas del desastre”, sino soluciones reales. La supuesta apertura al diálogo parece más una táctica desesperada por la falta de respaldo parlamentario que un genuino cambio de fondo, dejando en evidencia que la unidad nacional que predica es solo un recurso discursivo frente a la urgencia de la crisis.
Con información de: El Mostrador (Chile).
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