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Kast y Chile Vamos: ya no habrá luna de miel?

Kast y el peligro de que el desgaste se transforme en tendencia José Antonio Kast todavía está lejos de registrar la peor aprobación presidencial desde el retorno a la democracia.

Víctor Reyes4 min de lectura

Kast y el peligro de que el desgaste se transforme en tendencia

El problema para La Moneda es otro: la velocidad con que se ha consumido el respaldo que recibió al comenzar su gobierno.

Cuando José Antonio Kast asumió la Presidencia el 11 de marzo, comenzó con algo que todo gobierno necesita: crédito político. Cadem llegó a situar su aprobación inicial en torno al 57% y Pulso Ciudadano lo hizo debutar con 47,5%. Cinco meses después, ese escenario cambió sustancialmente. Cadem registra actualmente 41%, Criteria 35% y Pulso Ciudadano llegó a medir 25,6%.

Las cifras son diferentes porque las encuestas utilizan metodologías distintas. Lo importante, por lo tanto, no es escoger el número que más convenga políticamente, sino observar la dirección que muestran las series.

Y esa dirección es inequívoca: el apoyo inicial se redujo.

En Pulso Ciudadano la trayectoria es especialmente gráfica. Kast pasó de 47,5% en marzo a 29,1% en abril, 31,2% en mayo, 30,1% en junio, 28,9% en julio y 25,6% a comienzos de agosto.

El punto no es afirmar que Kast esté condenado a continuar cayendo. Las encuestas más recientes incluso muestran cierta estabilización o recuperación en algunos estudios. El dato político más significativo es cuán rápidamente desapareció la luna de miel.

No es todavía el peor gobierno evaluado

Aquí la historia obliga a poner las cifras en perspectiva.

Sebastián Piñera llegó a sólo 6% de aprobación en la CEP de diciembre de 2019. Michelle Bachelet había alcanzado 15% durante su segundo mandato y Piñera I llegó a 23%.

Kast no está ahí.

Pero tampoco necesita llegar al 6% para tener un problema político.

Lo relevante será determinar si durante los próximos meses su aprobación logra estabilizarse sobre el 35%-40%, o si comienzan a converger varias encuestadoras por debajo del 30%.

Ese último escenario sería cualitativamente diferente.

Porque una cosa es que una encuesta marque ocasionalmente 26% o 29%. Otra muy distinta es que el sub-30 se transforme en el nuevo nivel estructural de apoyo presidencial.

La economía empieza a pesar

Y aquí aparece una segunda curva que La Moneda debería mirar con tanta atención como las encuestas.

El desempleo nacional llegó a 9,4% en el trimestre abril-junio, muy cerca de la barrera psicológica de los dos dígitos. La informalidad laboral alcanzó 27%.

El Banco Central, además, constató una contracción de 0,3% del PIB durante el primer trimestre y redujo su previsión de crecimiento para 2026 desde un rango de 1,5%-2,5% a sólo 1%-1,75%. La institución también señaló deterioro en algunos fundamentos del consumo, incluyendo mayor desempleo, menor crecimiento de salarios reales y peores expectativas de los consumidores.

Esto requiere una precisión: Chile no enfrenta una caída de “dos dígitos” del PIB. La variable que está aproximándose al 10% es el desempleo.

Y políticamente eso puede ser todavía más sensible.

El PIB es una cifra que aparece periódicamente en los medios. El desempleo, en cambio, entra directamente a los hogares.

Es alguien que perdió su trabajo.

Una familia que lleva meses buscando empleo.

Un joven que no consigue entrar al mercado laboral.

O alguien que terminó trabajando informalmente.

Kast recibió apoyo, pero también una exigencia

Ésa es probablemente la clave para entender estos primeros meses.

Kast no recibió simplemente adhesión ideológica. Recibió una enorme expectativa de resultados.

Orden.

Seguridad.

Crecimiento.

Empleo.

Control migratorio.

Por eso su apoyo puede ser particularmente sensible a una pregunta muy sencilla que los ciudadanos comienzan a hacerse después de cualquier cambio de gobierno:

¿Mi situación está mejorando?

Las personas no evalúan un gobierno leyendo las Cuentas Nacionales. Lo hacen mirando su trabajo, su salario, el precio de las cosas, la delincuencia de su barrio y sus expectativas sobre el futuro.

Por eso no basta con que algunos indicadores eventualmente mejoren. El gobierno necesita que esa mejoría sea visible y atribuible a su gestión.

Lo que viene

La experiencia chilena también obliga a evitar determinismos.

Michelle Bachelet cayó durante su primer gobierno hasta cerca de 39% y terminó posteriormente con niveles extraordinariamente altos de aprobación. Las curvas políticas pueden recuperarse.

Kast también puede hacerlo.

Las últimas mediciones de Cadem muestran precisamente que determinadas acciones de seguridad pueden generar recuperación: el 16 de agosto su aprobación subió a 41%, en una medición en que el denominado Plan Cancerbero obtuvo una evaluación ampliamente favorable.

Pero el desafío económico probablemente será más difícil de resolver mediante anuncios.

Si durante los próximos meses el desempleo se mantiene cerca o sobre 10%, el crecimiento continúa débil y la ciudadanía no percibe mejoramiento en seguridad, Kast corre el riesgo de entrar en la misma zona política que conocieron otros gobiernos antes que él: una Presidencia sostenida principalmente por su electorado más fiel y con dificultades crecientes para recuperar al votante independiente.

Ese es el verdadero dato que habrá que seguir.

No si Kast rompe mañana el récord negativo de Piñera.

Sino algo mucho más inmediato:

si la pérdida de apoyo de estos primeros cinco meses fue sólo el fin normal de una luna de miel presidencial, o el comienzo de una tendencia mucho más profunda.

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Víctor Reyes
Redacción · 19 de agosto de 2026 · 13:39

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