Kast pide esperanza: seis meses después, Chile sigue esperando los resultados
A seis meses de llegar a La Moneda prometiendo orden, crecimiento y eficiencia, José Antonio Kast apela ahora a “levantar la esperanza”, mientras su Gobierno enfrenta cuestionamientos por el desempeño económico, el empleo, la gestión de autoridades y una sucesión de renuncias que tensionan el relato de eficacia con el que llegó al poder.

Este 18 de septiembre, el Presidente José Antonio Kast llamó a los chilenos a “levantar la esperanza”.
Una frase bonita para Fiestas Patrias, pero políticamente incómoda para quien llegó a La Moneda prometiendo algo bastante distinto: resultados rápidos, orden, crecimiento, seguridad y eficiencia del Estado.
Porque seis meses después hay cosas que ya no se pueden esconder detrás de los discursos.
La economía: el propio Banco Central afirma que “la economía local se ha debilitado” y recortó brutalmente la proyección de crecimiento para 2026 hasta apenas 0,25%-0,75%.
El empleo: la cesantía nacional llegó al 9,5% y entre las mujeres alcanzó el 10,3%. Ese es el mercado laboral del gobierno que prometió reactivar.
Los nombramientos: Radio Bío Bío contabiliza ya 48 autoridades que han dejado el Gobierno, entre ellas 38 seremis.
El caso más reciente: al seremi de Energía de Coquimbo se le pidió la renuncia porque no logró acreditar los requisitos académicos exigidos para desempeñar el cargo.
Y quizás el episodio que mejor retrata las contradicciones del discurso de eficiencia sea el de Lucy Depablos.
Fue contratada como jefa de Comunicaciones y Participación Ciudadana del Servicio Civil, con una remuneración que podía alcanzar $5,6 millones brutos.
Después, la Contraloría pidió al organismo sus antecedentes académicos y laborales en medio de dudas sobre sus credenciales. Antes de que esa revisión concluyera, renunció.
La ironía es difícil de evitar: un Gobierno que prometió poner orden en el Estado termina teniendo que explicar cómo seleccionó a sus propias autoridades.
Kast criticó durante años a Boric por la economía, la delincuencia, la inmigración, el empleo, los nombramientos y la supuesta improvisación del aparato público.
Hoy ya no está en la oposición.
Los ministros son suyos, los seremis son suyos, los nombramientos son suyos y las decisiones económicas también.
Por eso quizás el problema del llamado presidencial no sea la palabra esperanza.
El problema es que Kast llegó prometiendo certezas y, seis meses después, está pidiendo esperanza.
Chile puede esperar, por supuesto.
Pero también puede preguntar:
¿hasta cuándo hay que seguir esperando los resultados que, cuando era candidato, parecían tan fáciles de conseguir?
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