El esquinazo del poder: Kast celebra el “orgullo” de Chile entre élites y uniformados
El Mandatario encabezó una ceremonia palaciega rodeado de ministros, militares y diplomáticos, en un acto que evidencia la profunda desconexión con las urgencias del pueblo y los territorios.

El presidente José Antonio Kast escogió el Palacio de La Moneda para encabezar su primer esquinazo de Fiestas Patrias, un acto que, bajo la promesa de recuperar el orgullo por Chile, terminó siendo una demostración de poder palaciego y elitista. Según se informó desde el Palacio de La Moneda, la actividad se desarrolló en el Patio de los Naranjos, un espacio reservado para las altas esferas del poder, muy lejos de las plazas y los barrios donde el pueblo vive sus realidades.
La composición de la ceremonia no deja lugar a dudas sobre las prioridades de este gobierno. En lugar de abrir las puertas a la ciudadanía, Kast se rodeó de ministros, subsecretarios, representantes de las Fuerzas Armadas, policías, Gendarmería y parte del cuerpo diplomático. Una reunión de la élite política, militar y extranjera que refleja un modelo de gobierno volcado hacia la seguridad y el control, pero desconectado de las demandas populares y territoriales.
Durante su intervención, el Mandatario agradeció especialmente a las instituciones encargadas de la defensa y seguridad del país. Este gesto revela una contradicción profunda: se habla de orgullo patrio, pero se exalta a los organismos encargados de la coerción, mientras se omiten las urgentes necesidades de las familias chilenas y de regiones históricamente postergadas como Aysén, que siguen a la espera de propuestas concretas y no solo de símbolos vacíos.
Para completar la escena, el presidente destacó la participación de los conjuntos folclóricos “Miguel Gutiérrez” y “Los Maipucitos”. La utilización de la cultura popular como decorado en un acto militarista y diplomático es un claro ejemplo de doble estándar: se instrumentaliza el folclore para dar una fachada de cercanía, mientras el centro del evento sigue siendo la cúpula uniformada y política, según se mencionó en El Dínamo.
El llamado a recuperar el orgullo por Chile suena hueco cuando se hace desde la intimidad de La Moneda, ignorando la crítica situación del país. El verdadero orgullo no se recupera con ceremonias para diplomáticos y agradecimientos a los aparatos de seguridad, sino con soluciones reales para la ciudadanía. El esquinazo de Kast fue, en los hechos, un acto de sumisión al poder establecido, muy lejos del sentir popular.
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