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Del cartón al embargo: los nuevos cesantes ilustrados y endeudados

En el Chile de Kast, miles de profesionales vuelven a engrosar las filas de los “cesantes ilustrados”, pero ahora cargando además millonarias deudas universitarias. Mientras el 42,9% de la fuerza laboral titulada enfrenta desempleo o subempleo, el prometido orden económico de la ultraderecha revela su verdadero rostro: títulos sin trabajo, empleos precarios y créditos que el Estado no deja de cobrar.

Víctor Reyes3 min de lectura

Chile ya conoció a los “cesantes ilustrados”. Durante la dictadura de Pinochet, miles de profesionales debieron aceptar empleos precarios o simplemente quedaron fuera del mercado laboral. En la crisis de 1982, el PIB cayó un 14,3% y la desocupación llegó al 23,7%; el régimen respondió con el PEM y el POJH, programas de emergencia caracterizados por salarios miserables y trabajos de subsistencia. Era el supuesto “milagro económico” mostrando su verdadero rostro. Memoria Chilena

Hoy la historia regresa, pero con una crueldad adicional: los nuevos cesantes ilustrados también están endeudados.

En el trimestre abril-junio de 2026 había 363.607 personas desocupadas con educación superior completa. Otras 1.509.267 estaban trabajando en labores inferiores o no correspondientes a sus calificaciones. En total, el 42,9% de la fuerza laboral con educación superior completa no logra aprovechar plenamente la formación adquirida, mientras el 79,9% de los nuevos empleos destinados a titulados corresponde a subempleo. Informe OCEC-UDP

No faltan profesionales: faltan empleos dignos y una economía capaz de aprovecharlos.

Detrás de cada cifra existe una familia que pagó matrículas y aranceles durante cinco, seis o más años; un joven que pidió un crédito creyendo que el título le permitiría devolverlo; y un profesional que descubre que el mercado laboral no le asegura siquiera trabajar en aquello que estudió.

Pensemos en una odontóloga. Después de financiar una de las carreras más largas y costosas, tiene dos caminos igualmente difíciles: emplearse en una clínica, muchas veces bajo metas comerciales, porcentajes variables o condiciones inestables, mientras paga su crédito universitario; o intentar independizarse, asumiendo el costo de un box, sillón dental, instrumental, radiología, esterilización, insumos, permisos y personal. El título no abre automáticamente una consulta: apenas entrega el derecho a comenzar otra carrera, ahora contra las deudas y la precariedad.

Algo parecido ocurre con arquitectos, constructores, periodistas, trabajadores sociales, docentes, ingenieros y profesionales sanitarios: años de estudio, costos millonarios y empleos temporales, subcontratados o completamente ajenos a su especialidad.

Sobre sus cabezas pende además la espada de Damocles del endeudamiento educativo. En 2026, la Tesorería intensificó el cobro coactivo del CAE, incluyendo retenciones, embargos y fondos depositados en cuentas bancarias. Aunque la ofensiva inicial fue anunciada para morosos con ingresos elevados y deudas superiores a ciertos montos, el mensaje social resulta brutal: el mercado puede negarte el trabajo profesional, pero el sistema financiero jamás olvida la deuda contraída para obtener el título. Tesorería General de la República

Esta es la desnudez de un gobierno de ultraderecha que llegó prometiendo seguridad y estabilidad económica, agitando una vez más el fantasma del comunismo. Mucho discurso sobre orden, mérito y crecimiento; poca seguridad para quien busca empleo, para quien trabaja por debajo de sus capacidades o para quien teme que una deuda educativa termine devorando sus ingresos.

El fenómeno trasciende Chile. Una nueva derecha se extiende por América Latina —Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Bukele en El Salvador, Fujimori en Perú y otros proyectos conservadores en Paraguay, Bolivia, Colombia, Honduras y Costa Rica— prometiendo orden, mano dura y prosperidad. Sin embargo, el orden sin derechos laborales puede terminar siendo apenas disciplina para los trabajadores y libertad para los acreedores.

Los nuevos cesantes ilustrados tienen título, currículum y deuda, pero no seguridad económica. Les dijeron que estudiaran para progresar; estudiaron. Les dijeron que se endeudaran porque la educación era una inversión; se endeudaron. Ahora que no encuentran empleos acordes con su preparación, el mismo sistema los acusa de haber escogido mal, de no haberse esforzado suficientemente o de no saber emprender.

La verdad es otra: no fracasaron los profesionales; fracasó una economía que cobra por educarse, precariza el trabajo y después persigue la deuda que ella misma ayudó a producir.

El fantasma que recorre América Latina no es el comunismo. Es el del profesional endeudado, subempleado y con miedo al cobro: el nuevo cesante ilustrado con título en la pared y la deuda sentada a la mesa.

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Víctor Reyes
Redacción · 23 de agosto de 2026 · 10:18

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