CHILE Y LA RIQUEZA QUE SIEMPRE PASA DE LARGO
Chile vuelve a confiar en que reducir impuestos a quienes concentran el capital traerá inversión y bienestar para todos. Pero la historia económica del país deja una pregunta incómoda: ¿cuántas veces más veremos crecer la riqueza sin que cambie de verdad la vida de quienes viven de su trabajo?

Chile vuelve a escuchar una vieja promesa: bajar impuestos a quienes tienen más capital para que ese dinero se reinvierta, genere empleo y finalmente beneficie a todos.
El problema es que esa historia ya la conocemos.
Durante las “vacas gordas” del cobre, en el primer gobierno de Michelle Bachelet, Chile recibió enormes recursos.
El país creció y acumuló riqueza, pero para millones de familias la vida siguió prácticamente igual: trabajar décadas para pagar una casa, endeudarse para consumir y llegar a una jubilación insuficiente.
Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo y defensor del capitalismo, ha sostenido algo muy simple: los que más tienen deben contribuir más al sistema que les permitió acumular esa riqueza.
Thorstein Veblen explicaba otra parte del problema: muchas personas terminan identificándose con el estilo de vida y los intereses de los ricos, aunque económicamente estén muy lejos de ellos.
En Chile ocurre algo parecido.
Tener una camioneta, una casa a 30 años o un buen celular puede hacernos sentir que estamos progresando.
Pero consumo no es riqueza y deuda no es patrimonio.
Por eso, frente a la rebaja del impuesto a las empresas impulsada por el gobierno de Kast, la pregunta es legítima:
¿qué asegura que esos millones que dejará de recibir el Estado serán realmente reinvertidos en mejores empleos, salarios e inversión productiva?
Chile necesita inversión privada y empresarios.
Pero también necesita reglas que permitan que el crecimiento llegue efectivamente a quienes trabajan.
Porque no basta con que crezca la economía.
Tiene que crecer también la vida de la gente.
Ya vimos pasar una vez las vacas gordas.
No cometamos nuevamente el error de mirar cómo pasa la riqueza mientras la mayoría sigue esperando que algún día le toque.
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