Brote de virus ISA en un centro de Salmones Camanchaca: la industria invoca transparencia, pero la fiscalización sigue siendo la deuda en Aysén
La compañía confirmó la detección del virus en una jaula del centro Izaza, en el sector Barrio 20 de la Región de Aysén, y evalúa la cosecha temprana de todo el centro. Sernapesca asegura que el virus no es un riesgo para la salud pública, pero la región vuelve a preguntar quién fiscaliza lo que ocurre dentro de las jaulas.

Un nuevo brote infeccioso de virus ISA (Anemia Infecciosa del Salmón) fue detectado en una jaula del centro de cultivo Izaza de Salmones Camanchaca, en el sector Barrio 20 de la Región de Aysén, según se informó en BioBioChile. La propia compañía confirmó el hallazgo mediante un comunicado y aseguró haber activado el protocolo sanitario que corresponde a estos casos, el que contempla el muestreo de todas las jaulas del centro durante las próximas 48 horas.
Desde la firma destacaron que el 100% de los peces de este y de todos sus centros fueron vacunados antes de su ingreso al mar. Sin embargo, admitieron que «la vacunación no previene totalmente el desarrollo de la enfermedad», una frase que en la industria se repite como resguardo técnico, pero que leída desde el territorio deja al descubierto lo esencial: el riesgo sanitario no desaparece con la vacuna y depende, en definitiva, de la vigilancia y de la capacidad de reacción.
Según lo señalado por la empresa, y dependiendo de la evaluación que establece la normativa, se considerará la cosecha temprana de todo el centro. «Desde el inicio de la contingencia, Salmones Camanchaca ha mantenido informadas a las autoridades correspondientes, y se activaron todos los protocolos exigidos», recalcaron desde la compañía, que detalló refuerzos en logística y desplazamiento de personas, transporte y distribución de alimento de peces, cabotajes, embarcaciones, equipos y materiales. Cerraron apelando a su compromiso con «el cumplimiento normativo, la transparencia operativa y la protección del entorno sanitario de la región».
De acuerdo con lo expuesto por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), la ISA es una enfermedad viral de los animales acuáticos que provoca un cuadro sistémico y potencialmente letal, con anemia severa, hemorragias y lesiones necróticas en distintos órganos, capaz de ocasionar mortalidades significativas y consecuencias sanitarias y productivas para la salmonicultura. El servicio insiste en que no constituye un riesgo para la salud pública, porque el virus no es considerado un agente zoonótico.
Que el virus no llegue al plato, sin embargo, no agota el problema. La mortalidad de biomasa, el retiro de los peces muertos, su disposición final y la carga que todo eso deja en el agua son parte de la misma cadena, y son justamente los datos que la ciudadanía no recibió: el comunicado de la empresa no detalla cuántos ejemplares se han visto afectados ni cómo se manejarán los residuos del centro. En un territorio donde el mar es despensa, camino y paisaje, esa omisión no es un detalle técnico.
La pregunta que Aysén vuelve a hacerse tampoco es si la empresa cumplió con avisar, porque lo hizo, sino quién verifica que lo informado sea exactamente lo que ocurre. Cuántas inspecciones en terreno se realizan, con cuántos profesionales y laboratorios independientes, y si el Estado cuenta con la dotación necesaria para fiscalizar a una industria que no deja de expandirse en canales y fiordos. La fiscalización no puede depender de la buena voluntad del informante.
La salmonicultura es una actividad central en la economía del sur austral y, a la vez, una fuente permanente de tensión con la pesca artesanal, el turismo y las comunidades que viven del mismo mar. Cada brote, cada mortalidad masiva y cada centro en operación reabre la misma discusión sobre el modelo: cuánto se puede intensificar el cultivo en ecosistemas frágiles y quién asume el costo cuando algo falla.
La transparencia declarativa no es lo mismo que la trazabilidad verificable. Mientras no existan informes públicos, auditables y oportunos sobre lo que ocurre dentro de las jaulas de Aysén, la región seguirá enterándose de los riesgos de su propio mar a través de comunicados empresariales y notas de prensa. Exigir control, datos y responsabilidad no es obstruir a una industria: es la condición mínima para que una actividad de esta escala pueda convivir con el territorio que la aloja.
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