LABERINTO: A 50 AÑOS DEL CRIMEN QUE LLEVÓ EL TERRORISMO DE ESTADO CHILENO HASTA WASHINGTON
La reedición de Laberinto, de Eugene M. Propper y Taylor Branch, recupera una de las investigaciones fundamentales sobre el asesinato del excanciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, y de Ronni Moffitt, perpetrado el 21 de septiembre de 1976 mediante una bomba instalada bajo su automóvil en Washington. Con un nuevo prólogo del excanciller y exembajador Juan Gabriel Valdés, el libro vuelve medio siglo después para reconstruir una trama internacional de agentes, inteligencia, encubrimientos y terrorismo de Estado

El 21 de septiembre de 1976, Orlando Letelier recorría Washington acompañado por Ronni Moffitt y Michael Moffitt. Una bomba previamente colocada bajo su automóvil explotó cuando transitaban por Sheridan Circle. Letelier murió y Ronni Moffitt falleció poco después; Michael Moffitt sobrevivió.
La investigación terminaría estableciendo la intervención de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y del agente estadounidense Michael Townley, además de la participación de exiliados cubanos anticastristas.
El crimen adquirió una dimensión extraordinaria. No se trataba únicamente del asesinato de un opositor chileno en el exilio. Letelier había sido ministro de Relaciones Exteriores, Defensa e Interior durante el gobierno del presidente Salvador Allende y, después del golpe de Estado, había sido detenido y enviado a distintos centros de prisión política.
Tras recuperar su libertad y salir de Chile, se transformó en una de las voces internacionales más relevantes contra la dictadura.
Ese contexto es fundamental para comprender Laberinto.
Uno de sus autores, Eugene M. Propper, no reconstruyó el caso desde la distancia: fue el fiscal federal estadounidense encargado de dirigir la investigación.
Junto al periodista e historiador Taylor Branch, posteriormente ganador del Premio Pulitzer, convirtió aquella experiencia en una investigación de no ficción publicada originalmente en 1982.
El libro conduce al lector por una auténtica trama internacional: documentos falsos, agentes encubiertos, organismos de inteligencia, exiliados anticastristas, interrogatorios, pistas que atravesaban países y complejas relaciones diplomáticas. Poco a poco, las pesquisas fueron acercándose a la estructura que vinculaba el atentado con la DINA chilena.
Por eso el título Laberinto resulta especialmente apropiado. Investigar el asesinato significó internarse en una red donde se cruzaban justicia, espionaje, diplomacia, servicios secretos y razones de Estado.
La nueva edición adquiere además especial relevancia porque aparece en septiembre de 2026, exactamente medio siglo después del crimen. Editorial Crítica la publica con un prólogo de Juan Gabriel Valdés y recupera antecedentes conocidos después de la investigación original. Entre ellos figura un informe de la CIA de 1987 que sostuvo que existían pruebas convincentes de que Augusto Pinochet había ordenado personalmente la operación.
Valdés resume en su prólogo la trascendencia del atentado señalando que, aunque la dictadura cometió crímenes aún más crueles, ninguno resultó tan decisivo para su estabilidad política como la bomba detonada bajo el automóvil de Letelier en Washington.
Esa reflexión permite comprender por qué Laberinto sigue siendo necesario cincuenta años después.
No es únicamente un libro sobre Orlando Letelier.
Tampoco solamente sobre Ronni Moffitt.
Es una investigación acerca de lo que sucede cuando un aparato estatal decide que sus fronteras nacionales tampoco serán las fronteras de su represión.
Leerlo hoy significa volver sobre una pregunta que conserva plena vigencia: ¿hasta dónde puede llegar el poder cuando sus organismos de seguridad comienzan a actuar al margen de la ley y qué tan difícil resulta para la justicia reconstruir después ese laberinto?
A cincuenta años del asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt, esta reedición constituye una oportunidad para que nuevas generaciones conozcan el caso no solamente desde la memoria política chilena, sino desde la propia investigación que permitió comenzar a desentrañar sus responsables.
Porque recordar a las víctimas también significa reconstruir los mecanismos que hicieron posible el crimen.
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