SUMA Y SIGUE: ¿GOBIERNO DE EMERGENCIA O GOBIERNO DE IMPROVISACIÓN?
Otra autoridad del Gobierno de José Antonio Kast termina fuera de su cargo. Esta vez fue el delegado presidencial provincial de Chañaral, Sebastián Urrejola, a quien el Ejecutivo pidió la renuncia después de que Contraloría acreditara que mantenía una ocupación ilegal de un terreno fiscal en Portofino.

La paradoja resulta difícil de ignorar: una de las funciones de un delegado presidencial provincial es precisamente vigilar los bienes del Estado, impedir su ocupación ilegal y exigir su restitución cuando corresponda.
Es decir, se nombró para proteger bienes fiscales a una autoridad que, según Contraloría, ocupaba ilegalmente uno de ellos.
Y el problema ya no parece reducirse a un nombre.
En menos de cinco meses, decenas de ministros, subsecretarios y seremis han dejado sus cargos, han sido removidos o ni siquiera alcanzaron a asumir. Ya en abril se advertía públicamente que varios nombramientos daban cuenta de fallas en la revisión de antecedentes.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Quién revisa los antecedentes antes de entregar cargos de responsabilidad pública?
Porque llenar rápidamente los cupos del Estado no es gobernar con sentido de urgencia. La verdadera urgencia exige seleccionar personas idóneas, revisar sus antecedentes y evitar que sea Contraloría, la prensa o una denuncia posterior la que termine haciendo el filtro que debió realizarse antes del nombramiento.
Se presentó como un “gobierno de emergencia”, pero el suma y sigue de designaciones fallidas comienza a proyectar otra imagen:
un gobierno donde la improvisación parece correr más rápido que la selección de sus propias autoridades.
Y cuando quienes prometían poner orden deben comenzar ordenando su propia casa, el problema deja de ser anecdótico y pasa a ser político
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