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Política

Septiembre II: la felonía uniformada y la dignidad que no se borra

Hace 51 años las Fuerzas Armadas y Carabineros ejecutaron un plan sincronizado para destruir la democracia. Allende pagó con su vida la lealtad al pueblo.

Víctor Reyes2 min de lectura
Septiembre II: la felonía uniformada y la dignidad que no se borra

En un nuevo aniversario del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, resulta imperioso recordar —como se mencionó en El Divisadero— que la historia reciente de Chile tiene en septiembre un camino de dos extremos: la flor de la primavera popular y el fuego de la traición militar. El 04 de septiembre de 1970, Salvador Allende ganó los comicios presidenciales iniciando una primavera que benefició al pueblo. Pero tanto beneficio para las mayorías molestó a quienes se creían dueños de Chile, y la maquinación para destruirlo todo culminó cinco décadas atrás.

Las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile pusieron en acción un plan perfectamente armado y sincronizado. En palabras del propio Allende, aquella jornada demostró “la felonía, la cobardía y la traición” de sus perpetradores. Comenzaron controlando el puerto de Valparaíso y, con la Operación Silencio, acallaron las radiodifusoras afines a la Unidad Popular que unían el puerto con la capital. Más tarde bombardearon antenas radiales en distintos rincones del país. Vehículos blindados cargados de armamento rodearon La Moneda.

El ministro de Defensa, Orlando Letelier, fue detenido en su oficina por el general Sergio Arellano —el mismo de la fatídica Caravana de la Muerte— y dispuso su traslado al Regimiento Tacna, convirtiéndose así en el primer detenido del 11 de septiembre del ’73. Antes de ser acallada radio Corporación, se escuchó la firme voz de Allende: “¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”.

El Presidente fue conminado a renunciar y abandonar el Palacio, pero su respuesta fue la de un hombre digno, justo, leal a la Constitución y las leyes, que siempre actuó en beneficio de los trabajadores. Su último discurso, transmitido por radio Magallanes, se constituyó en un legado ético pronunciado en medio de un cruento golpe de State: “Mucho más temprano que tarde de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Minutos después, La Moneda fue bombardeada, destruida e incendiada. A las 14:00 horas, el general Palacios anunció: “Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto”. Pero se equivocó ese general: Allende no ha muerto. “Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria”, había dicho en su despedida.

El legado de Allende está presente en Chile y en más de 40 países donde avenidas, hospitales, plazas, parques y escuelas llevan su nombre. Con legítimo orgullo y renovado optimismo, la memoria popular sigue diciendo: Presidente Salvador Allende: ¡Presente! ¡Ahora y Siempre!

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Víctor Reyes
Redacción · 14 de septiembre de 2026 · 03:06

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