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México tiembla: La furia del Cinturón de Fuego y la precariedad ante el riesgo sísmico

El Servicio Sismológico Nacional monitorea la actividad telúrica en un país donde la movilidad de placas tectónicas y la vulnerabilidad de la población conviven en una zona de muy alta magnitud.

Víctor Reyes2 min de lectura

Este 7 de septiembre de 2026, México vuelve a estar bajo la lupa del Servicio Sismológico Nacional (SSN) debido a la constante actividad telúrica. El país se asienta sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas sísmicas más activas del planeta, dividida en cuatro áreas de riesgo: desde la baja sismicidad hasta la de muy alta magnitud. El origen de este movimiento terrestre es la tensión y ruptura de la roca en el interior de la tierra, producto de la movilidad de las placas tectónicas Norteamericana, Cocos, Rivera y del Pacífico.

La liberación de esta energía se mide de formas distintas. La magnitud, calculada mediante escalas como la de Richter y registrada por sismógrafos, analiza el tamaño del evento desde su hipocentro. Por otro lado, la intensidad refleja cómo las personas perciben el movimiento y el impacto visible en las construcciones y la infraestructura. Así, mientras un temblor tiene dimensiones moderadas, un terremoto implica una magnitud destructiva con potenciales pérdidas estructurales y humanas.

No todos estos eventos generan tsunamis; para ello se requiere una magnitud considerable, un epicentro bajo el océano o un movimiento vertical del fondo marino, sumado al riesgo de erupciones volcánicas y deslizamientos submarinos o costeros. Frente a este escenario, el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), operado por el CIRES, emite alertas a través de altoparlantes y radios. A esta infraestructura pública se suma el servicio gratuito de alertas de Google para celulares Android, accesible desde la configuración de emergencia.

Las recomendaciones oficiales ante un sismo exigen mantener la calma, evacuar con paciencia y mantenerse alejados de ventanas, espejos y paredes. Si no hay una mesa o escritorio cerca, la indicación es cubrir la cabeza y la cara con los brazos, buscar un espacio seguro cerca de una columna y, bajo ninguna circunstancia, utilizar el ascensor. La crítica realidad de la infraestructura queda expuesta al advertir que, si un edificio ya está parcialmente derrumbado, podría colapsar por completo si se intenta salir por cuenta propia.

En esta lógica de prevención, la carga de la seguridad recae fuertemente en la ciudadanía, que debe contar con una mochila de emergencia que incluya linterna, agua, radio sin internet, alimentos no perecederos, ropa abrigadora, encendedor, silbato, copia de llaves y medicinas. El gobierno hace énfasis en estas precauciones y difunde números de emergencia como el 911, la Cruz Roja, Protección Civil y Locatel, mientras la tierra sigue liberando la energía acumulada en el subsuelo, recordando la vulnerabilidad territorial de la región.

Con información de: RPP Noticias (Perú).

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Víctor Reyes
Redacción · 7 de septiembre de 2026 · 07:03

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