MERINO FIJÓ EL DÍA Y LA HORA DEL GOLPE: PINOCHET SE SUMÓ EN LA HORA DECISIVA
Una nota manuscrita fechada el 9 de septiembre de 1973, atribuida y reproducida por el propio José Toribio Merino, vuelve a poner el foco sobre cómo se definió la etapa final del golpe de Estado: Merino ya fijaba el “día D” y la “hora H”, mientras Augusto Pinochet terminaba incorporándose a una conspiración militar que venía avanzando desde antes. Un documento breve, pero decisivo para discutir uno de los mitos más repetidos sobre quién fue realmente el principal impulsor del 11 de septiembre

El manuscrito del 9 de septiembre que pone en cuestión el mito de Pinochet como gran arquitecto del 11 de septiembre
9 de septiembre de 1973.
Faltaban apenas 48 horas para el golpe de Estado que terminaría con el gobierno constitucional del presidente Salvador Allende.
En una pequeña hoja manuscrita, José Toribio Merino envió un mensaje a dos hombres:
Gustavo Leigh y Augusto Pinochet.
«Bajo mi palabra de honor el día D será el 11 y la hora H 06.00».
No es una frase reconstruida cincuenta años después.
El texto aparece reproducido en las propias memorias de Merino, Bitácora de un almirante, y ha sido corroborado posteriormente por investigaciones históricas y por publicaciones vinculadas a la propia historia militar chilena.
Pero el reverso resulta todavía más revelador. Merino escribió directamente a Pinochet:
«Augusto: Si no pones toda la fuerza de Santiago desde el primer momento, no viviremos para ver el futuro».
Aquellas palabras modifican una de las imágenes más repetidas durante décadas: la de Augusto Pinochet como cerebro originario y gran planificador del golpe militar.
La conspiración era bastante más compleja.
Dentro de la Armada existía una organización golpista desarrollada antes de que Pinochet siquiera llegara a la Comandancia en Jefe del Ejército.
Memoria Chilena recoge que, de acuerdo con las memorias del propio Merino, en la Armada se había planificado y decidido participar en el golpe, mientras diversos mandos presionaban para actuar contra el gobierno de la Unidad Popular.
Y existe una paradoja histórica todavía mayor.
Pinochet había sido nombrado comandante en jefe por el propio Salvador Allende apenas 19 días antes del golpe, el 23 de agosto de 1973, después de la renuncia de Carlos Prats.
Hasta poco antes se había mantenido dentro de la línea institucional del Ejército e incluso había participado en la derrota del Tanquetazo de junio.
El 9 de septiembre, en cambio, la decisión llegó a su punto de no retorno.
Merino ya hablaba del “día D”, fijaba el 11 de septiembre, establecía la hora H y exigía saber si Pinochet pondría a disposición del movimiento toda la fuerza del Ejército en Santiago.
Pinochet finalmente aceptó.
Dos días después encabezaría operacionalmente al Ejército durante el golpe y, posteriormente, acumularía un poder muy superior al de sus compañeros de Junta, hasta convertirse en la figura central de los casi diecisiete años de dictadura.
Pero una cosa es quién terminó apropiándose del poder y otra distinta es quién venía preparando la insurrección y quién empujó la decisión final.
La pequeña hoja del 9 de septiembre obliga, al menos, a revisar el relato construido posteriormente alrededor de Pinochet.
No fue él quien escribió a Merino comunicándole que el golpe sería el día 11.
Fue Merino quien se lo comunicó a Pinochet.
Y no es una interpretación política.
Es lo que dice el documento.
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