La factura del poder: Republicanos se fracturan entre el centralismo y la rebelión de sus bases
Mientras el Presidente llama a ampliarse, las bases denuncian un centralismo asfixiante y el abandono de los principios fundacionales.

Llegar al poder pasó la cuenta al Partido Republicano. Mientras José Antonio Kast gobierna desde La Moneda ajeno a la militancia, las fracturas internas exponen las contradicciones de un proyecto que prometía ser distinto, pero reproduce las viejas lógicas del cálculo electoral y la concentración del poder, según se mencionó en El Mostrador.
El estallido más claro ocurre en Ñuble, donde 40 dirigentes y militantes renuncian formalmente. Acusan un “centralismo asfixiante” y la pérdida de espacio para disentir. La estructura partidaria, lejos de encarnar los principios fundacionales, privilegió las dinámicas internas y el reparto de cargos, marginando las voces críticas y traicionando su propio relato de “hacer política distinta”.
La crisis no es aislada. En Antofagasta, dos concejales relevantes se van. Patricio Aguirre, fundador de Acción Republicana, sintetiza el descontento: “El dedismo político a veces pasa la cuenta”. Su reproche apunta a designaciones a dedo y la falta de estructuras democráticas. En Coquimbo, la pelea fue tal que se disolvió la mesa regional, obligando a la cúpula a nombrar un interventor. Loreto Ibarra ganó la interna con 54,5% prometiendo orden, lo que revela el desastre administrativo previo.
Los Ríos y Los Lagos suman más síntomas de descomposición, con reclamos ante el Ter y forcejeos que terminaron a gritos. A pesar de esto, el partido supera los 23 mil afiliados y sigue creciendo en 2026. La paradoja es evidente: aumentan los militantes, pero los históricos dirigentes cuestionan cómo se administra el poder interno, mostrando una desconexión total entre la base y la cúpula.
La tensión también alcanza a la directiva. Arturo Squella intenta fijar una línea de lealtad al Gobierno pero conservando identidad, dispuesto a decirle que no al Ejecutivo. Sin embargo, contrasta con el propio Presidente, quien en el Foro Madrid pidió abrirse a quienes intentaron impedir su elección, advirtiendo que “ampliarse no es renunciar”. Una advertencia que suena a justificación para acomodarse en el poder y reproducir el reparto del Estado que tanto criticaron.
En este escenario de purga interna y contradicciones, el Partido Nacional Libertario de Johannes Kaiser acecha, disputando las mismas banderas de seguridad y libertad. Republicanos se desangran sin dejar de ser kastistas, pero dejando en evidencia que el poder desnuda las promesas de probidad y urgencia social que alguna vez enarbolaron.
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