LA DICTADURA QUE TAMBIÉN DISPARÓ EN ROMA
El 6 de octubre de 1975, el dirigente democratacristiano Bernardo Leighton y su esposa, Anita Fresno, fueron baleados en Roma. La justicia italiana estableció la participación de la DINA en la planificación del atentado y condenó a altos responsables del aparato de inteligencia de la dictadura chilena.

El 6 de octubre de 1975, Bernardo Leighton Guzmán, histórico dirigente de la Democracia Cristiana, y su esposa Anita Fresno, fueron baleados cuando regresaban a su casa en Roma.
No eran combatientes.
No encabezaban una organización armada.
Leighton era un dirigente político exiliado que trabajaba por articular a distintos sectores opositores a la dictadura chilena.
Los disparos casi los mataron.
Leighton recibió un proyectil en la sien; Anita Fresno fue también gravemente herida. Ambos sobrevivieron, pero las secuelas los acompañaron para siempre.
Y aquí termina cualquier intento serio de presentar el hecho como una simple “versión política”.
La investigación italiana reconstruyó la participación de la DINA, el aparato de inteligencia de la dictadura.
Michael Townley fue condenado a 15 años de prisión y el proceso estableció que recibió desde la estructura exterior de la DINA la orden de matar a Leighton.
Los antecedentes apuntaron posteriormente a Manuel Contreras, director de la DINA, y a Eduardo Iturriaga Neumann, encargado de sus operaciones exteriores.
La investigación sostuvo además que el objetivo político era impedir que Leighton contribuyera a unificar a los grupos de oposición al régimen militar.
Roma estaba a miles de kilómetros de Santiago.
Pero el exilio no fue suficiente.
La persecución política de la dictadura chilena cruzó fronteras, utilizó agentes clandestinos y estableció vínculos con sectores de la extrema derecha italiana para alcanzar a sus adversarios en Europa.
Cincuenta años después, el presidente de Italia, Sergio Mattarella, volvió a recordar oficialmente el atentado y señaló que detrás de aquel ataque estuvieron los servicios secretos de la dictadura chilena, con complicidades provenientes de ambientes de la extrema derecha italiana.
Hay una precisión histórica necesaria: la justicia italiana acreditó responsabilidades dentro de la DINA, pero no estableció judicialmente que Augusto Pinochet hubiera impartido personalmente la orden concreta contra Leighton.
Eso no disminuye la gravedad del hecho acreditado:
un dirigente democrático chileno fue perseguido hasta Roma y estuvo a punto de ser asesinado por una operación vinculada al aparato represivo de la dictadura de su propio país.
La historia puede discutirse.
Las sentencias, los expedientes y los disparos del 6 de octubre de 1975 no desaparecen porque incomoden.
Puedo hacerte también una bajada de tres o cuatro líneas, más punzante, para colocar inmediatamente debajo del titular.
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