KAST: ¿PRESIDENTE DE CHILE O ADMINISTRADOR DE LOS INTERESES DE TRUMP?
La cercanía política de José Antonio Kast con Donald Trump vuelve a quedar bajo escrutinio luego de que Estados Unidos incluyera a Chile entre los países señalados por riesgo de transbordo de mercancías chinas. El episodio reabre el debate sobre cuánto pesa la sintonía ideológica con Washington frente a la obligación de resguardar, con autonomía, los intereses comerciales y estratégicos de Chile.

La noticia de hoy vuelve a poner una pregunta incómoda sobre la mesa: Estados Unidos incluyó a Chile entre 40 países que, según la Casa Blanca, presentan riesgo de ser utilizados para el transbordo de mercancías chinas con destino al mercado estadounidense, en el marco de la denominada “Gran Estafa del Transbordo”.
Y entonces conviene refrescar la memoria.
En marzo, pocos días antes de asumir la Presidencia, José Antonio Kast viajó a Miami para participar en la cumbre “Shield of the Americas”, convocada por Donald Trump, junto a mandatarios y dirigentes políticamente afines como Javier Milei y Nayib Bukele. La reunión tenía entre sus ejes precisamente contener la influencia de China en América Latina.
Kast apostó fuerte por la cercanía con Washington. Tanto, que durante meses se instaló la idea de que esa afinidad ideológica podía significar un trato privilegiado para Chile.
Pero la realidad ha sido bastante menos romántica.
Primero llegaron aranceles estadounidenses del 12,5% para parte importante de las exportaciones chilenas, una decisión que golpeó directamente la expectativa de que la buena relación política con Trump protegería comercialmente a nuestro país.
Ahora Washington vuelve a apuntar a Chile, esta vez colocándolo bajo sospecha como posible plataforma de triangulación de productos vinculados a China.
Parece que Kast viajó a Miami creyendo que ingresaba al círculo de amigos de Trump, pero Estados Unidos no tiene amigos: tiene intereses.
Y ahí está el problema.
Porque un Presidente chileno no fue elegido para convertirse en administrador regional de la política exterior de Donald Trump, ni para escoger entre Washington y Beijing según las preferencias ideológicas de la Casa Blanca. Fue elegido para defender los intereses de Chile.
China sigue siendo un socio comercial fundamental para nuestra economía y Estados Unidos también lo es. La obligación de La Moneda debería ser mantener autonomía, equilibrio y pragmatismo.
Porque cuando las grandes potencias juegan su guerra comercial, Chile no puede darse el lujo de actuar como peón de nadie.
La pregunta queda planteada:
¿Kast gobierna la política exterior pensando en Chile o todavía administra en Santiago la agenda que fue a escuchar a Miami?
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