José Antonio Kast estrecha la mano de Keiko Fujimori
Chile y Perú bajo el manto de la ultraderecha, con un Perú que ya cuenta con el noveno presidente en 10 años.

Keiko recibe también el pesado legado de su padre, Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones de derechos humanos. Durante su gobierno se ejecutó la Operación Chavín de Huántar para liberar a los rehenes de la residencia del embajador de Japón —no de la embajada—. Los catorce integrantes del MRTA murieron en el operativo y posteriormente surgieron denuncias sobre posibles ejecuciones extrajudiciales.
Aunque en la era digital,no existan registros para afirmar que Fujimori, apareció sobre un bus que trasladaba a los rehenes; la memoria colectivos sí existe para recordar las transmisiones en vivo que mantuvo en vilo a los televidentes de aquella escenas cinematograficas en el Perú, quien convirtió el rescate en una poderosa puesta en escena política y comunicacional.
Hoy vuelve el “estilo Fujimori”: orden, mano dura, cámaras y una fotografía triunfal. Pero en países donde los gobiernos caen antes de terminar sus discursos, conviene recordar una vieja fatalidad latinoamericana: todo poder que comienza torciendo la historia suele terminar atrapado entre sus propias ruinas.
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