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Internacional

Sin reservas ni confianza: el derrumbe cambiario que devora al bolívar

El Banco Central de Venezuela intenta alcanzar al mercado paralelo, pero la falta de divisas y la emisión descontrolada de bolívares profundizan la crisis y castigan el bolsillo de los ciudadanos.

Víctor Reyes2 min de lectura

El mercado de divisas en Venezuela vuelve a encender las alarmas. El tipo de cambio oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) se dispara intentando alcanzar al paralelo y a las criptoactivos, pero esta carrera alcista no es una convergencia sana: desnuda las graves limitaciones de la política monetaria. La brecha no cede y el golpe lo pagan los pocos comercios que intentan mantenerse a flote.

Detrás de este deslizamiento del dólar oficial hay una realidad que el Gobierno no puede camuflar: no tiene flujo de divisas líquidas para sostener artificialmente el bolívar. Las reservas internacionales están agotadas y el gasto público urgente por atender zonas afectadas por sismos obligó al BCV a dejar correr la tasa. Al no poder ofertar los dólares que el comercio demanda, el mercado se refugia masivamente en plataformas digitales como Binance.

Para financiar el déficit fiscal, el Estado recurre a la emisión descontrolada de bolívares, inyectando una masa monetaria sin respaldo en la producción real. Como no hay bienes en los anaqueles ni confianza institucional, esos bolívares corren a demandar divisas, acelerando la devaluación. Es una paradoja trágica: la banca está maniatada por un encaje legal asfixiante que impide prestar, pero el propio Estado es el principal emisor de la liquidez que desestabiliza los precios de consumo, medicamentos y vivienda.

La distorsión es tan profunda que el euro local llega a superar al dólar digital, confundiendo la fijación de precios y encareciendo las importaciones europeas. Esta volatilidad pulveriza la capacidad de planificación de las juntas de condominio, las pequeñas constructoras y los ciudadanos que necesitan reparar sus inmuebles dañados.

La incertidumbre se convierte así en un impuesto silencioso y devastador que frena cualquier iniciativa privada de reconstrucción. Esta inestabilidad, basada en la improvisación macroeconómica y el desprecio por la oferta y la demanda, exige un cambio de fondo.

La estabilidad no se logra con chantaje burocrático ni persiguiendo indicadores, sino generando confianza institucional. Hay que respetar el libre mercado, garantizar una moneda sana, frenar el financiamiento inflacionario y abrir paso a la inversión privada transparente. Solo con decencia y seriedad gerencial se devolverá el poder de compra al ciudadano.

Con información de: Efecto Cocuyo (Venezuela).

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Víctor Reyes
Redacción · 12 de septiembre de 2026 · 10:04

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