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CUANDO CIEN MIL VOTOS NO CUENTAN PORQUE NO VIENEN DE LA ÉLITE

Magdalena Piñera descalifica al diputado Daniel Manouchehri, pero casi cien mil votos y una fiscalización que ha incomodado a poderosas redes políticas y judiciales revelan una realidad distinta: cuando se toca a los intocables, la élite deja de pedir diálogo y comienza a exigir silencio.

Víctor Reyes1 min de lectura

Magdalena Piñera declaró que no quiere un Congreso “lleno de Manouchehris” y aseguró que al diputado socialista “nadie lo admira, nadie lo sigue”.

Curiosa manera de contar seguidores: Daniel Manouchehri obtuvo cerca de 100 mil votos, la mayor votación parlamentaria registrada en la Región de Coquimbo. Parece que para ciertas élites el voto popular solo merece respeto cuando confirma sus preferencias; cuando elige a alguien incómodo, se transforma apenas en un montón de “likes”.

Manouchehri podrá gustar o no, y su estilo podrá parecer confrontacional, pero su labor fiscalizadora produjo resultados concretos.

Junto con Daniella Cicardini impulsó acciones contra magistrados vinculados con las revelaciones del caso Hermosilla, entre ellas la acusación constitucional que terminó con la destitución del juez Antonio Ulloa.
También ha denunciado posibles redes de influencia y eventuales ilícitos surgidos de los chats y audios investigados por la Fiscalía.

Mientras algunos pedían mejores modales, otros abrían expedientes.

Y cuando la fiscalización comenzó a rozar a quienes durante años se consideraron intocables, aparecieron ataques, descalificaciones e incluso antecedentes sobre intentos de desacreditar a los parlamentarios. Nada sorprendente: el poder suele amar el diálogo hasta que alguien le pregunta por sus cuentas, sus contactos o sus favores.

Magdalena Piñera tiene pleno derecho a criticar a Manouchehri. Lo que no puede pretender es reemplazar con su opinión el mandato ciudadano que lo llevó al Congreso. Los parlamentarios no están allí para agradar a una familia, cuidar apellidos ilustres ni recibir certificados de buena conducta de quienes siempre tuvieron acceso privilegiado al poder.

Porque la fiscalización que no incomoda es decoración institucional. Y la justicia que solo persigue a quienes carecen de apellido, dinero o contactos no es justicia: es protocolo para pobres.

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Víctor Reyes
Redacción · 9 de agosto de 2026 · 19:56

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