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SUSPENDER LA LEY KARIN?

La derecha parlamentaria avanza en su mandato empresarial, intentando que las leyes ya aprobadas que regulan la relación laboral para mantener un ambiente laboral deseable y sin abusos ni malos tratos …

Víctor Reyes2 min de lectura

Cuando proteger al trabajador parece ser el verdadero problema
No deja de sorprender que, cada vez que una ley comienza a equilibrar la histórica desigualdad entre empleador y trabajador, aparezcan voces desde la derecha y la ultraderecha proponiendo frenarla, suspenderla o simplemente desmantelarla.

Ahora es el turno de la Ley Karin. Una normativa que nació tras años de denuncias, abusos, humillaciones y acoso laboral que, durante demasiado tiempo, fueron considerados parte de la “cultura organizacional”.
El viejo “si no le gusta, la puerta es bien ancha”; el grito, la amenaza, la descalificación pública y el abuso de poder eran, para muchos, herramientas de administración.

La Ley Karin vino precisamente a recordar algo elemental: dirigir no es maltratar; ejercer autoridad no es humillar; dar instrucciones no autoriza a degradar la dignidad de las personas.
¿Ha aumentado el número de denuncias? Sí. Pero eso no demuestra que la ley sea un fracaso. Demuestra que hoy existe un mecanismo para denunciar lo que antes se soportaba en silencio por miedo a perder el empleo. Antes el abuso quedaba oculto; hoy se investiga, se media y, cuando corresponde, son los tribunales laborales los que resuelven.
Sin embargo, algunos parlamentarios sostienen que la ley dificulta ejercer el mando. Curiosa interpretación.
Pareciera que para ciertos sectores el problema no es el abuso, sino que el trabajador ya no tenga que aceptarlo resignadamente.

Y este proyecto no aparece en el vacío. Se suma a una larga lista de iniciativas que, desde distintos sectores de la derecha, han buscado flexibilizar o reducir derechos laborales: propuestas para extender la edad de jubilación, cuestionamientos a la indemnización por años de servicio, intentos de ampliar la polifuncionalidad y planteamientos para flexibilizar la distribución de la jornada de 40 horas. Cada una de estas discusiones tiene sus propios argumentos y matices, pero vistas en conjunto alimentan la percepción de que la protección del trabajador suele considerarse un obstáculo antes que un avance.

La ironía es evidente. Durante décadas se pidió combatir el acoso laboral. Cuando finalmente existe una ley que obliga a prevenirlo, investigarlo y sancionarlo, la solución que algunos proponen es… suspender la ley.

Es como si, porque aumentaron las denuncias de violencia intrafamiliar después de crear mejores canales de protección, alguien concluyera que el problema son los canales y no la violencia.
La verdadera pregunta no es si la Ley Karin incomoda. Claro que incomoda. Toda norma que limita el abuso incomoda a quien estaba acostumbrado a ejercerlo sin consecuencias.
La pregunta es otra: ¿queremos volver a un mundo laboral donde el miedo sea una herramienta de gestión o avanzar hacia espacios donde el respeto deje de ser una concesión y pase a ser una obligación?

Porque, al final, lo que está en juego no es una ley. Es la idea de qué tipo de relaciones laborales queremos construir en Chile. Y eso dice mucho más de quienes buscan suspenderla que de la propia Ley Karin.

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Víctor Reyes
Redacción · 7 de agosto de 2026 · 07:58

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