¿AUSTERIDAD PARA QUIÉN?
Órdenes de compra de la Presidencia de la República por suministros de carnes, aves y otros productos, junto con adquisiciones de banderas de escritorio y miles de pines metálicos, superan en conjunto los $250 millones. Los antecedentes, disponibles en Mercado Público, reabren el debate sobre austeridad, prioridades del gasto y transparencia en el uso de los recursos públicos, aunque parte importante de los montos corresponde a contratos de suministro y no necesariamente a gasto ya ejecutado en su totalidad.

Mientras a millones de chilenos se les habla de austeridad, disciplina fiscal y cuidar cada peso, los registros oficiales de Mercado Público permiten hacerse una pregunta bastante sencilla: ¿el mismo estándar se está aplicando en La Moneda?
No hablamos de rumores ni de una imagen fabricada en redes sociales.
La Presidencia de la República emitió el 2 de septiembre una orden de compra por $153.000.000 para suministro de carne de cerdo y vacuno y otra por $63.750.000 para carne de aves. Ambas figuran como órdenes aceptadas y provienen de una licitación pública.
Y hay algo importante que decir para no engañar a nadie: esto no significa que alguien haya comprado $216 millones en carne para un asado de Fiestas Patrias.
Se trata de contratos de suministro, con productos entregados contra solicitud de pedido. La propia licitación señala que los alimentos están destinados a funcionarios de la institución y a actividades propias de Presidencia.
Pero eso no elimina el legítimo derecho ciudadano a preguntar cuánto se terminará gastando efectivamente, para cuántas personas, durante cuánto tiempo y cómo se compara este gasto con administraciones anteriores.
A ello se suma una compra de 100 banderas de escritorio, cuyo total asciende a $2.368.100, mediante trato directo. La orden fue emitida el 8 de septiembre y aparece aceptada en Mercado Público.
No se trata de afirmar que todo gasto público sea un despilfarro simplemente porque la cifra parece grande. Eso sería demasiado fácil.
La cuestión política es otra.
Cuando desde el poder se exige austeridad al Estado, esa austeridad tiene que comenzar precisamente por quienes administran el Estado.
Si se pide reducir gastos, eliminar programas, restringir contrataciones y hacer sacrificios porque supuestamente cada peso cuenta, entonces cada peso gastado por La Moneda también debe poder explicarse públicamente.
Porque la austeridad pierde toda credibilidad cuando se transforma en una exigencia hacia abajo y en una excepción hacia arriba.
Los documentos están disponibles públicamente.
Que cada ciudadano saque sus propias conclusiones.
La transparencia no consiste solamente en publicar una orden de compra. También consiste en explicar por qué se compra, cuánto se utiliza realmente y si el precio y la cantidad se justifican.
Y queda una pregunta que sería especialmente interesante responder:
¿Cuánto gastaba Presidencia en estos mismos suministros durante los gobiernos anteriores y cuánto está comprometiendo ahora?
Ahí podremos saber si estamos frente a un gasto normal de funcionamiento, a un aumento justificado o a una contradicción con el discurso de austeridad.
Porque para juzgar con justicia no basta una fotografía: hay que mirar la película completa.
Fuentes oficiales: Orden de $153 millones — Mercado Público· Orden de $63,75 millones — Mercado Público · Licitación de productos cárneos — Mercado Público· Orden de las banderas — Mercado Público
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