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DESPUÉS DE ESCALONA: EL PS VUELVE A ENFRENTAR LA PREGUNTA QUE YA VIVIÓ CON ALMEYDA

La muerte de Camilo Escalona cierra una etapa decisiva en la historia reciente del Partido Socialista y abre una disputa que va mucho más allá de quién conducirá la Nueva Izquierda. El desafío ahora es reconstruir liderazgo, recuperar influencia dentro de la oposición al gobierno de Kast y proyectar una nueva generación capaz de devolver al PS vocación de mayoría y peso político nacional.

Víctor Reyes5 min de lectura

La muerte de Camilo Escalona no deja solamente una vacante en la Nueva Izquierda.
Cierra un ciclo de más de tres décadas y obliga al Partido Socialista a enfrentar nuevamente una pregunta que ya conoció al final de la dictadura:
¿quién hereda políticamente a un líder cuando su autoridad no puede heredarse por decreto?
Para entenderlo hay que volver a Clodomiro Almeyda.

En marzo de 1987, Almeyda ingresó clandestinamente a Chile y la dictadura lo relegó a Chile Chico, en plena Patagonia.
Allí permaneció varios meses mientras enfrentaba la persecución política del régimen.
Existe además un antecedente poco conocido, pero políticamente revelador.
Durante aquella relegación, Germán Correa visitó personalmente a Almeyda en Chile Chico. Según testimonio presencial de quienes estuvieron allí, Almeyda manifestó entonces una especial valoración por Correa como posible continuador de su legado político: veía en él un dirigente capaz de sostener sus convicciones ideológicas, pero con una personalidad más conciliadora y articuladora que otros dirigentes del entorno almeydista.

La historia posteriormente tomó otro camino.

Hacia fines de los años ochenta ya coexistían dentro del propio PS-Almeyda dos sensibilidades que terminarían separándose.

Por una parte, Germán Correa, Ricardo Solari y el Tercerismo, partidarios de una salida política negociada, de la inscripción electoral y de ampliar los acuerdos hacia el centro.

Por otra, Camilo Escalona y los sectores que posteriormente constituirían la Nueva Izquierda, más identificados inicialmente con la izquierda histórica y más críticos de una transición excesivamente pactada.
La investigación académica sobre el PS de esos años confirma esa bifurcación.
Existe incluso un testimonio extraordinariamente esclarecedor del propio Germán Correa.

Correa recordó que Ricardo Solari le anticipó que, una vez derrotados determinados sectores más radicalizados del almeydismo, Escalona terminaría convirtiéndose en el representante de la izquierda interna mientras ellos quedarían ubicados en el otro polo.

Eso fue exactamente lo que ocurrió.
En el Congreso de Unidad socialista de 1990, Germán Correa quedó asociado al bloque que reunía al Tercerismo y sectores renovados, mientras Escalona encabezó la lista “Democracia y Socialismo”, obtuvo la primera mayoría nacional y comenzó a construir la Nueva Izquierda como una poderosa corriente interna.
Dos años después, esa división ya estaba completamente institucionalizada: una alianza entre renovados y terceristas respaldaba a Germán Correa, mientras la Nueva Izquierda levantaba a Camilo Escalona.

Por eso hay una paradoja histórica extraordinaria.

Almeyda pudo haber visto en Germán Correa una continuidad política y conciliadora de su legado.
Pero quien terminó heredando mayor capacidad de organización, territorio, construcción de mayorías y poder interno fue Camilo Escalona.

Y ahora, casi cuarenta años después de Chile Chico, el Partido Socialista enfrenta nuevamente la misma disyuntiva.

¿QUIÉN HEREDA A ESCALONA?

Los nombres más directamente vinculados a su Nueva Izquierda son Karina Delfino y César Valenzuela.

Antes incluso de su fallecimiento, ambos eran identificados como sus principales discípulos. Delfino aparecía particularmente proyectada como sucesora de Escalona dentro de la corriente.
Pero reemplazar al jefe de un “lote” es bastante más sencillo que reemplazar a un dirigente capaz de hablarle al partido completo.
Y ahí comienza el verdadero problema del PS.

Porque hoy existen varios polos.
Paulina Vodanovic representa una conducción institucional, negociadora y pragmática, particularmente desde el Senado.
Karina Delfino puede representar la continuidad orgánica de la Nueva Izquierda.

César Valenzuela tiene espacio para convertirse en articulador parlamentario y generacional.
Y desde otro sector emerge con fuerza Daniel Manouchehri, acompañado políticamente por Daniella Cicardini, planteando una oposición mucho más frontal al gobierno de José Antonio Kast.

Manouchehri ha formulado incluso una consigna política bastante clara para reconstruir mayoría: “proyecto, calle y carácter”.

Su planteamiento es que el socialismo no puede limitarse a denunciar a Kast, sino que debe recuperar territorio, crecimiento económico, seguridad y una propuesta capaz de hablar nuevamente con trabajadores y sectores populares.

Las diferencias ya no son teóricas.
Durante 2026, Manouchehri y Cicardini han cuestionado
públicamente el estilo negociador de Vodanovic frente al gobierno, abriendo una disputa acerca de qué significa realmente ser oposición.
Y probablemente ahí estará una de las grandes batallas socialistas de 2027.

Pero sería un error reducirla a:
Vodanovic versus Manouchehri.
O a:
Tercerismo versus Nueva Izquierda.
El desafío histórico es bastante mayor.

EL PS DEBE DECIDIR SI QUIERE ADMINISTRAR SU PROPIA SOBREVIVENCIA O VOLVER A DISPUTAR LA CONDUCCIÓN DE CHILE
Después de la muerte de Escalona, el Partido Socialista necesita recuperar tres cosas.
Primero: identidad.
Saber qué significa ser socialista en una sociedad donde seguridad, migración, costo de vida, inteligencia artificial, empleo y crecimiento económico preocupan tanto como las tradicionales demandas sociales.
Segundo: territorio.
Volver a poblaciones, sindicatos, regiones, universidades y organizaciones sociales, porque ningún partido recupera mayoría nacional solamente desde el Congreso o las redes sociales.
Tercero: vocación de mayoría.
El PS no puede limitarse a disputar con el Frente Amplio y el Partido Comunista quién representa mejor a la izquierda.
Su desafío es convertirse nuevamente en un partido capaz de articular toda una oposición democrática frente al gobierno de Kast, conversar con la centroizquierda y recuperar sectores populares que en las últimas elecciones terminaron votando por la derecha.
Eso fue probablemente lo que Escalona comprendió mejor que muchos:
un partido puede ser muy poderoso hacia adentro y completamente irrelevante hacia afuera.
Por eso la verdadera herencia de Escalona no será la secretaría general ni el control de la Nueva Izquierda.
Será la capacidad de alguno de estos nuevos dirigentes para construir nuevamente poder social, poder electoral y mayoría nacional.
Hace casi cuarenta años, en Chile Chico, el socialismo discutía silenciosamente quién podía continuar el legado de Clodomiro Almeyda.
Germán Correa representaba una alternativa.
Camilo Escalona terminó construyendo otra.
Hoy la historia vuelve a colocar al PS frente a la misma encrucijada.
Delfino puede heredar la corriente.
Manouchehri puede disputar el relato.
Vodanovic conserva la estructura.
Otros liderazgos todavía pueden emerger.
Pero ninguno habrá heredado realmente a Escalona hasta demostrar algo mucho más difícil:
que puede sacar al Partido Socialista de sus lotes internos y volver a convertirlo en una fuerza capaz de disputar la conducción política de Chile.

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Víctor Reyes
Redacción · 6 de septiembre de 2026 · 14:24

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