SCHNEIDER: EL SECUESTRO QUE BUSCABA ABRIRLE LA PUERTA A UN GOLPE
El asesinato del general René Schneider no fue un hecho aislado: nació de una conspiración destinada a sacarlo del camino por su defensa del orden constitucional. El intento de secuestro terminó a balazos y dejó al descubierto la acción de sectores civiles y militares de ultraderecha que buscaban impedir la llegada de Salvador Allende a La Moneda y abrir paso a una ruptura institucional.

La portada de Clarín que circuló en aquellas horas refleja la confusión inicial: llegó a señalar a un supuesto exdetective, José Mosella, como posible autor. De hecho, el propio director de Investigaciones desmintió entonces que Mosella estuviera detenido. La investigación posterior reveló una trama muy distinta y mucho más profunda.
El 22 de octubre de 1970, el comandante en jefe del Ejército, general René Schneider Chereau, fue interceptado cuando se desplazaba por Santiago. El objetivo original era secuestrarlo, no porque Schneider estuviera conspirando, sino precisamente por lo contrario: representaba el principal obstáculo militar para quienes pretendían impedir que el proceso constitucional culminara con Salvador Allende en La Moneda. Schneider sostenía que el Ejército debía respetar la Constitución y la decisión soberana del Congreso Nacional.
La conspiración estuvo encabezada por el general en retiro Roberto Viaux y contó con civiles y militares involucrados en una operación destinada a provocar un hecho de tal gravedad que generara caos político, quebrara la disciplina constitucional de las Fuerzas Armadas y permitiera desencadenar un golpe antes de la ratificación presidencial por el Congreso. Los antecedentes judiciales de la época establecieron que Viaux ordenó reiteradamente el secuestro de Schneider después de fracasar intentos anteriores.
En torno a esa conspiración participaron sectores civiles de ultraderecha y nacionalistas vinculados al naciente movimiento que daría origen a Patria y Libertad. Conviene hacer una precisión histórica: el Movimiento Cívico Nacional Patria y Libertad ya apareció en septiembre de 1970, mientras que el Frente Nacionalista Patria y Libertad, en su organización más conocida, se estructuraría posteriormente. Por eso, atribuir todo el crimen simplemente a “Patria y Libertad” sin mencionar la red de Viaux y los militares conspiradores deja incompleta la historia.
El plan terminó en tragedia. Schneider intentó defenderse con su arma cuando los secuestradores rodearon y atacaron su automóvil. Le dispararon y quedó gravemente herido; falleció tres días más tarde, el 25 de octubre de 1970. El secuestro que debía generar el pretexto para quebrar la institucionalidad terminó convertido en el asesinato del propio comandante en jefe del Ejército.
Y existe además un capítulo internacional que hoy está abundantemente documentado. Los archivos estadounidenses desclasificados muestran que, bajo el denominado Track II, la CIA buscó estimular a militares chilenos para impedir la llegada de Allende al poder. Documentos de la propia Agencia registran contactos con los conspiradores, planes para secuestrar a Schneider, entrega de material al grupo relacionado con el general Camilo Valenzuela y la disposición de recursos económicos para operaciones golpistas. La Biblioteca Nacional de Chile resume que el plan tuvo, en su fase inicial, apoyo financiero y logístico de la CIA. Eso no equivale a afirmar que la CIA haya apretado directamente el gatillo aquella mañana, pero sí demuestra que la conspiración golpista tenía una dimensión internacional que durante décadas fue materia de controversia y que hoy consta en documentación desclasificada.
Schneider no murió por enfrentarse a la democracia.
Murió defendiendo una concepción constitucional del Ejército. Querían sacarlo del camino porque se negaba a convertir las Fuerzas Armadas en instrumento para desconocer el resultado político de 1970. El plan era secuestrarlo, provocar el caos y abrir paso a una ruptura institucional. Schneider se defendió.
Los conspiradores dispararon. Y Chile perdió a su comandante en jefe.
La historia es especialmente incómoda por eso: el hombre que debía ser eliminado para provocar un golpe fue precisamente quien defendía que los militares no podían decidir quién debía gobernar Chile.
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