Omisión oficial y represión: El primer 11 de septiembre bajo el gobierno de Kast
Mientras La Moneda se negó a conmemorar los 53 años del golpe, Carabineros desplegó carros lanzaaguas y detuvo a estudiantes y menores de edad en las movilizaciones ciudadanas.

El primer 11 de septiembre bajo el gobierno de José Antonio Kast dejó al descubierto una profunda contradicción en la gestión del Ejecutivo: la omisión total de una ceremonia oficial por los 53 años del golpe de Estado contrastó con un fuerte despliegue de fuerzas policiales que terminó con decenas de detenidos, enfrentamientos y graves alteraciones del orden público en las calles.
La ausencia del Gobierno no impidió que la memoria se tomara las calles. Organizaciones políticas, sociales de derechos humanos y la oposición —incluido el expresidente Gabriel Boric— desplegaron una amplia agenda ciudadana con homenajes en el Cementerio General, una caminada por el centro de Santiago con ofrendas en Morandé 80 y la Plaza de la Constitución, y una masiva velatón en el Estadio Nacional, antiguo centro de detención y tortura. Una jornada de recuerdo que el Estado se negó a liderar, pero que la ciudadanía exigió con fuerza.
Sin embargo, la respuesta del poder ante la movilización popular fue la securitización. Cerca del mediodía, una movilización en la Alameda terminó con un despliegue desproporcionado de Control de Orden Público, que utilizó carros lanzaaguas y lanzagases contra los manifestantes. El tránsito estuvo interrumpido por casi una hora entre Vicuña Mackenna y Manuel Rodríguez, siendo restablecido recién a las 14:19 horas, evidenciando cómo el costo de la omisión gubernamental lo pagó la ciudadana con represión y cortes.
La criminalización de la protesta se profundizó durante la tarde. Un grupo de encapuchados ingresó al Instituto Nacional, lo que obligó a evacuar el establecimiento y suspender las clases. Carabineros detuvo a siete personas, de las cuales cinco eran estudiantes del propio liceo, según informó el SLEP Santiago Centro. Una vez más, las autoridades optaron por la fuerza bruta en lugar de abordar el fondo de las demandas sociales y de memoria.
Ya entrada la noche, la política de “mano dura” se hizo sentir con fuerza en Cerro Navia, donde Carabineros informó la detención de cinco personas —tres de ellas menores de edad— en procedimientos donde se incautaron fuegos artificiales y materiales para fabricar artefactos incendiarios. Resulta revelador que la propia policía precisara que no se encontraron panfletos que vincularan a los detenidos con alguna reivindicación específica, desmintiendo así el relato de una “organización terrorista” y exponiendo la detención arbitraria de jóvenes y menores en el marco de una conmemoración histórica.
Fuera de Santiago, la historia no fue distinta. En Valparaíso, una marcha por la avenida Brasil terminó con enfrentamientos contra Carabineros e interrupciones del tránsito, demostrando que la tensión entre la omisión del Gobierno y la respuesta represiva del Estado es un problema nacional. Hasta la mañana de este sábado, el Ejecutivo no había difundido un balance nacional consolidado de detenidos, lesionados e incidentes, ocultando el costo real de su política de orden público.
Así transcurrió el primer 11 de septiembre bajo el gobierno de Kast: sin una propuesta concreta desde La Moneda para abordar la memoria y los derechos humanos, pero con un Estado que despliega todo su aparato represivo —gases, carros policiales y detenciones de estudiantes y menores— para silenciar las justas demandas de verdad y justicia en las calles.
Con información de: El Mostrador (Chile).
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