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Magallanes bajo acecho: las ambiciones geopolíticas que amenazan el sur de Chile

La visita de Milei a Santiago y las declaraciones de la aviación argentina reavivan la disputa por territorios australes que afectan directamente a la Región de Aysén y a la soberanía chilena.

Víctor Reyes3 min de lectura
Magallanes bajo acecho: las ambiciones geopolíticas que amenazan el sur de Chile

La semana pasada, el presidente argentino Javier Milei visitó Santiago en una gira relámpago que dejó más preguntas que respuestas sobre el futuro de las relaciones bilaterales. Su objetivo principal era conseguir el apoyo oficial del gobierno de José Antonio Kast para la reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas, en el marco de la histórica disputa con el Reino Unido por esos territorios australes y su espacio marítimo. Según se mencionó en El Divisadero, Kast ratificó el respaldo a los derechos soberanos de Argentina, pero no dejó pasar la oportunidad para dejar una cosa clara: Chile tiene soberanía total sobre el Estrecho de Magallanes y “Argentina no tiene ni tendrá jamás soberanía ni control” sobre ese punto estratégico.

El roce diplomático no tardó en llegar. Un jefe de la aviación argentina había afirmado que “Magallanes y el Paso Drake eran llaves bioceánicas que el país trasandino debía explotar”. Para la gente de la Región de Aysén, estas declaraciones no son palabras vacías: el Estrecho de Magallanes es una vía fundamental para el comercio, la conectividad y la soberanía económica de la Patagonia chilena. Que un funcionario argentino hable de “explotar” esas llaves es una amenaza directa al territorio que habitamos.

Pero la contradicción de Milei es evidente. Durante su campaña presidencial y hasta hace poco, era un ferviente admirador de Margaret Thatcher y reconocía la autodeterminación de los habitantes de las Malvinas. ¿Qué cambió? El giro se produjo cuando el presidente estadounidense Donald Trump anunció que la Casa Blanca revisaría su histórico apoyo al Reino Unido en la disputa por las islas. Detrás de este movimiento hay un ajuste de cuentas: el nulo apoyo británico a Estados Unidos en el conflicto con Irán por el estrecho de Ormuz.

A esto se suma un factor económico concreto: el gobierno británico puso en marcha el proyecto petrolífero Sea Lion en la zona norte del archipiélago malvinense, una iniciativa de alta rentabilidad que despertó las ambiciones de todos los actores involucrados, incluido Trump, que aunque no tiene arte ni parte directo en la disputa territorial, busca beneficiarse diplomáticamente. Para las comunidades patagónicas, la extracción de recursos en territorios en disputa no es un problema lejano: es un precedente sobre lo que podría pasar con los recursos naturales del sur de Chile si no se protege la soberanía.

La importancia geopolítica de estos territorios también responde a la crisis interna de Trump, quien enfrenta los niveles más bajos de aprobación popular por una pésima administración. Su estrategia de intentar apropiarse de territorios con alto valor estratégico y comercial —primero el canal de Panamá, luego Groenlandia, después el estrecho de Ormuz, y ahora las Malvinas y, por qué no, Magallanes— es un intento desesperado de reparar su imagen. Pero para Chile y para la Región de Aysén, esto significa que nuestro territorio está en la mira de potencias que buscan resolver sus crisis internas a costa de la soberanía ajena.

El Cono Sur y particularmente la Patagonia tienen un valor geopolítico que a veces nos cuesta dimensionar por estar inmersos en él. Han pasado casi doscientos años desde que un prócer de la independencia nombraba a Magallanes en su último aliento. Hoy, esa importancia sigue vigente y la amenaza es real. No se trata de un conflicto diplomático abstracto: se trata de la seguridad, los recursos y el futuro de las comunidades que habitamos el sur de Chile.

Lo que falta es claro: un plan concreto de protección territorial que vaya más allá de las declaraciones diplomáticas. La ciudadanía de Aysén y de Chile necesita saber qué medidas concretas se tomarán para resguardar el Estrecho de Magallanes, el Paso Drake y todo el espacio marítimo austral. La soberanía no se defiende solo con palabras, sino con presencia, inversión y una estrategia de Estado que ponga a las comunidades patagónicas en el centro de la defensa del territorio.

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Víctor Reyes
Redacción · 13 de septiembre de 2026 · 21:39

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