Lactancia en Aysén: La deuda pendiente con la rehabilitación interdisciplinaria
Amamantar es mucho más que nutrir, pero la fragmentación del sistema deja sin apoyo especializado a las familias con bebés prematuros o condiciones complejas.

En la Región de Aysén, donde el acceso a salud especializada ya es un desafío territorial, amamantar se convierte en una batalla cuesta arriba para muchas familias. La lactancia materna es mucho más que alimentar: es desarrollo neurológico, vínculo y participación. Sin embargo, cuando un bebé nace prematuro o con condiciones complejas, la falta de equipos interdisciplinarios frena este derecho fundamental.
La evidencia científica es clara: amamantar exige una adecuada coordinación de funciones motoras, sensoriales, respiratorias y neurológicas. Pero en nuestro sistema de salud, la atención está fragmentada. Los avances en neonatología permiten la supervivencia de recién nacidos cada vez más prematuros, pero muchos presentan dificultades para coordinar succión, deglución y respiración. Aquí es donde la rehabilitación se vuelve indispensable, aunque hoy sea un eslabón perdido o insuficiente.
Fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales y kinesiólogos tienen herramientas clave para establecer y mantener la lactancia. Los primeros evalúan alteraciones de alimentación y deglución; los kinesiólogos protegen el neurodesarrollo con posicionamiento y regulación sensorial; los terapeutas ocupacionales abordan los factores del entorno y las necesidades sensoriales. Sin embargo, como señaló El Divisadero, el papel de estos equipos aún merece mayor reconocimiento.
Esta omisión tiene consecuencias concretas. En niños con prematuridad, síndrome de Down, fisuras labiopalatinas o parálisis cerebral, la falta de acompañamiento integral afecta su desarrollo y el bienestar de la madre. La responsabilidad recae en un modelo sanitario que no integra estas disciplinas desde las primeras etapas, obligando a las familias a sortear solas barreras que el sistema debería garantizar.
Fortalecer la lactancia requiere superar la fragmentación y avanzar hacia modelos colaborativos. No se trata de restar importancia a otras disciplinas, sino de comprender que el desarrollo infantil demanda una mirada integral. Mientras no existan políticas interdisciplinarias reales y accesibles en el territorio, amamantar seguirá siendo un privilegio para quienes puedan acceder a estos especialistas, y no un derecho garantizado desde los primeros días de vida.
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