La crisis del suelo rural en Aysén: menos subdivisiones, pero sin visión clara
La caída de más del 80% en solicitudes de subdivisión rural no resuelve el problema de la planificación territorial en Aysén

Según lo informado por Viento Patagón, las solicitudes de subdivisión rural han descendido más del 80% desde su máximo registrado en 2022. Sin embargo, esta reducción no implica necesariamente una protección efectiva del territorio. La pregunta central persiste: ¿cómo se utiliza realmente el suelo rural y qué usos futuros pueden admitirse? En la Región de Aysén conviven terrenos productivos que deben resguardarse, junto con predios para vivienda, turismo o conservación. Además, existen zonas donde la ocupación residencial ha avanzado sin infraestructura básica adecuada, como caminos, agua y servicios. Reducir el debate a la cantidad de expedientes tramitados por el SAG ignora las complejidades del uso del territorio. Planificar exige conocer los usos actuales, la aptitud productiva del suelo, la disponibilidad de recursos hídricos, los riesgos naturales y el valor ambiental. Esta información permitiría distinguir zonas para proteger la actividad agropecuaria, permitir otros usos bajo condiciones y regular nuevos desarrollos con criterios. No se trata de autorizar proyectos arbitrarios, sino de tomar decisiones fundamentadas. El ministro defiende el suelo productivo, pero celebrar menos expedientes no sustituye una política territorial. Si las reglas siguen inciertas, se perjudican a quienes actúan con responsabilidad y no se resuelven los asentamientos mal ubicados. Aysén necesita una visión clara para su suelo rural: primero conocer el territorio, luego decidir dónde proteger, permitir y bajo qué condiciones. Eso es planificar antes que fiscalizar., según se mencionó en El Divisadero.
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