DEL INFORME DE INTELIGENCIA… A “NO TENEMOS INVESTIGACIÓN NI DOCUMENTO”
Tras atribuir a sectores de izquierda responsabilidades en la violencia del estallido social de 2019, el embajador de Estados Unidos reconoció que su país no cuenta con una investigación ni con documentos específicos que respalden esas afirmaciones. Una aclaración que abre dudas sobre el sustento de sus dichos y sobre los límites que debe respetar la diplomacia cuando se pronuncia sobre asuntos internos de Chile.

En menos de 24 horas, las declaraciones del embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, pasaron de una afirmación categórica a una explicación bastante más modesta.
El martes, el diplomático sostuvo que la inteligencia estadounidense señalaba “categóricamente” que los hechos de violencia ocurridos durante el estallido social de 2019 provenían de organizaciones o sectores ideológicamente vinculados a la izquierda. Incluso manifestó disposición a compartir esos antecedentes con Chile.
Pero, después de ser citado por la Cancillería chilena, el escenario cambió. Judd aclaró que Estados Unidos no realizó una investigación propia sobre el 18-O y señaló que no poseen antecedentes específicos sobre determinados grupos.
Entonces la pregunta resulta inevitable: ¿en qué se sostenía una acusación de semejante gravedad?
No estamos hablando de una conversación de sobremesa ni de una opinión publicada en redes sociales.
Se trata del representante diplomático de una potencia extranjera atribuyendo responsabilidades políticas respecto de uno de los acontecimientos más graves y complejos ocurridos en Chile durante las últimas décadas.
Si existían informes, documentos, nombres o antecedentes concretos, correspondía entregarlos a las autoridades chilenas y, especialmente, ponerlos a disposición de la justicia. Si esos antecedentes no existen, atribuir responsabilidades políticas de manera general resulta, como mínimo, una imprudencia diplomática.
Hasta ahora, las investigaciones desarrolladas en Chile no han permitido establecer una autoría política general detrás de los incendios del Metro ni identificar una organización que hubiera dirigido el conjunto de la revuelta social.
Por eso resulta preocupante que acontecimientos tan dolorosos sean utilizados para alimentar relatos ideológicos sin acompañarlos de pruebas verificables.
La diplomacia exige prudencia. La inteligencia exige evidencia. Y cuando alguien acusa, especialmente desde una posición de poder, la carga mínima es demostrar lo que afirma.
De lo contrario, lo que ayer parecía una revelación de inteligencia internacional hoy comienza a parecer simplemente una declaración política que, enfrentada a la obligación de respaldarla, perdió rápidamente su contundencia.
Mucho ruido de inteligencia… y, al momento de mostrar los papeles, ningún documento sobre la mesa.
Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.
Te puede interesar

Cuando quienes conocen la ley, terminan al otro lado del mesón?

¿INTELIGENCIA O BALANDRONADA DIPLOMÁTICA?

