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DE SCHNEIDER Y PRATS AL QUIEBRE DE 1973

La fotografía de la familia Bachelet no es solamente una imagen familiar. Alberto Bachelet era oficial de la Fuerza Aérea y pertenecía a una generación de uniformados que conoció una tradición institucional que tuvo en los generales René Schneider y Carlos Prats dos de sus principales exponentes: las Fuerzas Armadas debían mantenerse subordinadas al poder civil y al orden constitucional, no transformarse en árbitros de la política.

Víctor Reyes2 min de lectura

Schneider defendió esa concepción hasta su muerte en 1970. Prats la continuó como comandante en jefe del Ejército durante el gobierno de Salvador Allende.
Era la idea de unas Fuerzas Armadas profesionales cuyo deber era garantizar el orden constitucional, independientemente de quién hubiese ganado legítimamente una elección.
Pero mientras en Chile se defendía esa doctrina, desde Washington la administración de Richard Nixon había decidido combatir políticamente al gobierno de Allende. Y aquí conviene recurrir a las palabras auténticas de Nixon, no a frases que después se le atribuyeron.
El 17 de enero de 1972, hablando en la Casa Blanca sobre Chile, Nixon recordó la instrucción que había dado cuando Allende llegó al poder:
“We were not to do a damned thing to help him. Absolutely nothing!”
En castellano: “No debíamos hacer absolutamente nada para ayudarlo. ¡Absolutamente nada!” La transcripción pertenece a las grabaciones oficiales de la Casa Blanca conservadas por los archivos estadounidenses.
Dos meses después, el 23 de marzo de 1972, Nixon fue todavía más explícito al hablar de las instrucciones que había recibido el embajador estadounidense Edward Korry. Nixon dijo:
“He should have kept Allende from getting in.”
Es decir: “Debería haber impedido que Allende llegara [al poder]”. En esa misma conversación llamó “son of a bitch” a Korry por haber fracasado en esa tarea. Por tanto, es importante precisar que el insulto documentado en ese pasaje no estaba dirigido a Allende, sino al embajador estadounidense.

Los documentos desclasificados revelan algo aún más significativo. El 15 de septiembre de 1970, pocos días después de la elección de Allende, las notas del director de la CIA Richard Helms registraron la orden presidencial de “make the economy scream” —“hacer gritar la economía”— en el contexto de los esfuerzos para impedir que Allende asumiera y promover una salida militar.

Después del golpe del 11 de septiembre de 1973, Nixon y Henry Kissinger volvieron a hablar de Chile. Cuando Nixon preguntó si aparecería la “mano” estadounidense en lo sucedido, Kissinger reconoció: “we helped them” —“los ayudamos”— y señaló que Estados Unidos había contribuido a crear las condiciones para lo ocurrido.

Ahí está el contraste histórico que encierra aquella fotografía de los Bachelet: un oficial chileno junto a su esposa y sus hijos, perteneciente a unas Fuerzas Armadas que todavía tenían como referentes institucionales la subordinación constitucional defendida por Schneider y Prats.
En 1973 esa tradición se quebró. Pinochet encabezó el golpe que terminó con el gobierno constitucional de Salvador Allende, mientras Alberto Bachelet, contrario al golpe, fue detenido y posteriormente murió después de haber sufrido prisión y torturas.
Por eso, más de medio siglo después, resulta particularmente potente volver a mirar aquella fotografía: antes de la dictadura, antes de las cárceles, antes de que Michelle Bachelet llegara dos veces a la Presidencia de Chile.
Es la imagen de una familia uniformada tomada antes de que la historia de Chile separara violentamente dos concepciones del poder militar: la del soldado subordinado a la Constitución y las leyes, y la de quienes decidieron que las armas podían reemplazar a las urnas.

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Víctor Reyes
Redacción · 4 de octubre de 2026 · 01:15

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