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Coyhaique en los años cuarenta: Una mirada a la vida cotidiana antes de los servicios modernos

En los años cuarenta, Coyhaique carecía de agua potable y alcantarillado, pero destacaba por su diversidad cultural y economía local.

Víctor Reyes2 min de lectura
Coyhaique en los años cuarenta: Una mirada a la vida cotidiana antes de los servicios modernos
El consultorio del dentista Juanito Partarrieu en Coyhaique durante los años cuarenta, donde solo se realizaban extracciones.

En los años cuarenta, Coyhaique era un pueblo pequeño e insignificante, con una plaza raleada y un sistema de calles que convergían hacia ella, como si el diseño urbano buscara centralizar la vida social. Sin embargo, su aparente simplicidad ocultaba una complejidad cultural: entre sus vecinos se destacaban españoles, árabes, argentinos, gauchos, chilotes e inmigrantes de origen inglés, italiano, polaco, alemán y suizo. Esta diversidad se reflejaba en sus tiendas, donde se mezclaban tradiciones y costumbres, como la carnicería de Nallip Amín, de origen árabe, que mantenía el delantal rojo como un ritual familiar. Según se mencionó en Diario Regional Aysén, la economía local funcionaba con una escasa infraestructura: una sola profesora por curso en la escuela número 11, y un sistema educativo que dependía de alquileres privados, como el arrendado por Gerardo Mondelo Losada, un español cuyo inmueble permitía a las niñas cruzar calles para clases. La atención médica era escasa: un médico general, el doctor Alejandro Gutiérrez, y un dentista, Juanito Partarrieu, que solo realizaba extracciones, sin mantención. Esta falta de servicios básicos generaba riesgos para la salud, como los pozos en las casas y los zanjones con agua putrefacta que atravesaban las calles. La ausencia de agua potable y alcantarillado obligaba a los habitantes a depender de sistemas precarios, como el reparto de agua en barriles por Franch, y a lidiar con el olor rancio de las carnicerías, que provocaban arcadas en quienes entraban o salían. A pesar de estas limitaciones, el texto resalta la vitalidad de un pueblo donde el comercio local, como los Almacenes Brautigam o la tienda El Centenario, funcionaba como eje social y económico. Sin embargo, la crónica de Diario Regional Aysén también revela una crítica implícita: la falta de inversión en infraestructura y servicios públicos, que dejaba a la población vulnerable a enfermedades y condiciones insalubres. Hoy, mientras Coyhaique ha evolucionado, el testimonio de los años cuarenta sirve como recordatorio de lo que falta por resolver en la región de Aysén.

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Víctor Reyes
Redacción · 12 de octubre de 2026 · 03:25

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