Consensos coyunturales y sin mayoría estable: la frágil victoria legislativa de Paz en Bolivia
El Gobierno boliviano logró respaldo para el estado de excepción y el crédito del FMI, pero analistas advierten que se trata de alianzas temporales basadas en intereses particulares y no en un consenso político sólido.

Con la aprobación de la ampliación del estado de excepción y del crédito del Fondo Monetario Internacional, el Gobierno de Rodrigo Paz logró un respaldo legislativo clave. Sin embargo, según analistas consultados por el medio boliviano La Razón, no se trata de una mayoría oficialista estable, sino de consensos coyunturales que reflejan la profunda fragmentación de la Asamblea.
El analista Andrés Gómez fue enfático al distinguir entre conseguir votos y construir consenso. “Una cosa es tener consensos y otra, muy distinta, tener votos. Los 100 votos para ampliar el estado de excepción muestran que Paz puede construir mayorías, pero no necesariamente un consenso legislativo estable”, señaló. Para Gómez, la Asamblea está fragmentada y muchos parlamentarios privilegian sus intereses particulares por encima de la disciplina partidaria.
Entre las hipótesis que explican este fenómeno, Gómez mencionó las denuncias de la abogada Nadia Beller sobre supuestos pagos a legisladores, y las de la senadora Ana María Crispín sobre beneficios o cargos para familiares. Si se comprobaran, estaríamos ante una construcción de lealtades basada en intereses particulares. A esto se suma un cálculo político simple: algunos legisladores temen que si cae Paz, también caiga el espacio de poder que acaban de conquistar.
El analista advierte que una mayoría coyuntural no es lo mismo que una mayoría reformista. “La Asamblea es muy volátil y cada proyecto puede modificar el mapa de alianzas. El Gobierno tendrá que negociar reforma por reforma, voto por voto”, explicó. Alertó sobre el riesgo de acostumbrar a los parlamentarios a recibir pequeños “shutes de dopamina política” cada vez que respaldan una medida, lo que exigiría dosis mayores de incentivos para mantenerlos motivados, algo insostenible para una reforma de Estado.
Por su parte, la analista Susana Bejarano sostuvo que el Gobierno realizó una “operación político parlamentaria” para romper las bancadas, configurando un posible “transfugio”. “De otra manera no explicas que jefes de bancada anuncien una votación y sus parlamentarios hagan lo contrario; evidentemente hay acuerdos personales con miembros del Gobierno”, indicó. Reconoció la fuerza del Ejecutivo, pero advirtió que mientras la Asamblea responde, “la calle se está crespando” y sectores que apoyaban la salida del MAS hoy están de espaldas.
Otros analistas coinciden en la fragilidad de estos apoyos. Ricardo Paz destacó que el respaldo se dio por temas de interés general, pero no habrá una mayoría de “levanta manos”. Reymi Ferreira vio una coincidencia programática con partidos como Libre y Unidad Nacional, mientras que Carlos Saavedra calificó la política actual como “líquida”, sin consistencia de bancadas ni liderazgos claros, donde los consensos deben renovarse permanentemente.
En este escenario, el desafío para el Gobierno boliviano es determinar si esta capacidad de negociación circunstancial puede extenderse a su agenda de reformas. Por ahora, Paz no tiene una mayoría propia, sino una frágil alianza construida sobre la volatilidad y los intereses particulares de una Asamblea multifragmentada.
Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.
Te puede interesar

Detienen al ex asesor de Milei en Bolivia: lo acusan de autor intelectual de un ataque armado contra una abogada

