Canciller se blinda ante el Congreso: Acusa “injerencias” externas mientras evalúa el Escudo de las Américas y enfrenta interpelación por abandono territorial
Pérez Mackenna busca desviar la interpelación parlamentaria apelando a la unidad nacional, mientras su gestión es cuestionada por privilegiar el comercio sobre la defensa efectiva de la soberanía.

El ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, minimiza la grave interpelación aprobada por la Cámara de Diputados calificándola como una “buena oportunidad para mostrar estos meses de gestión”. Lejos de asumir responsabilidades, la autoridad intenta blindarse políticamente exigiendo unidad bajo el argumento de que existen “intereses permanentes de Chile que trascienden a cualquier gobierno”, ocultando así las profundas contradicciones de su propia administración.
Las críticas desde el mundo político son contundentes: su gestión se ha enfocado “exclusivamente en el área comercial”, descuidando la soberanía territorial y el posicionamiento estratégico. Como única defensa, el canciller esgrime que su primer viaje oficial fue a la Antártica, un argumento insuficiente que no subsana la falta de propuestas concretas para la defensa territorial, especialmente para regiones como Aysén donde la soberanía es una demanda histórica y permanente.
La supuesta autonomía de la Cancillería queda en entredicho ante las declaraciones del secretario de Estado sobre la posible integración de Chile al Escudo de las Américas. Aunque categóricamente asegura que “presiones de Estados Unidos no hay”, inmediatamente contradice esta afirmación al admitir que “es un tema que tendremos que evaluar en su mérito”. Esta doble revela una doble estándar: se descarta la injerencia foránea, pero se abre la puerta a las directivas estratégicas de Washington.
Bajo la lógica de una “Cancillería pragmática”, el ministro intenta equilibrar la balanza declarando que “queremos relaciones fuertes con todos los países” y que “somos aliados de Estados Unidos y de China”. Sin embargo, este falso equilibrio diplomático resulta un riesgo cuando se trata de defender los intereses territoriales, demostrando que el pragmatismo del gobierno está dispuesto a ceder soberanía con tal de mantener el flujo comercial.
Los supuestos “avances” de su gestión también muestran grietas. Si bien se reanudaron las relaciones consulares con Venezuela y hubo acercamientos con Bolivia, estos hitos opacan la incapacidad de la autoridad para manejar las tensiones con los vecinos. Debió destinar esfuerzos a “contener las tensiones derivadas del comunicado conjunto con el mandatario argentino, Javier Milei, respecto al Estrecho de Magallanas y las islas Malvinas”, una zona de alta sensibilidad territorial para el país.
A esto se suma la controversia generada por los “recientes dichos del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd”, los cuales el canciller no logró conjurar con firmeza. En vez de defender la dignidad nacional, la Cancillería se limita a negar las presiones mientras evalúa integrarse al escudo militar norteamericano. La interpelación que enfrentará no es solo un trámite, sino la oportunidad de desenmascarar una política exterior que confunde la defensa de la soberanía con el servilismo comercial.
Con información de: Radio Universidad de Chile (Chile).
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