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Campo Vivo: entre la esperanza campesina y el reto de que los recursos lleguen al territorio

El programa del Gobierno Regional busca dinamizar la producción rural con apoyo de INDAP e INIA, pero los pequeños productores de Aysén necesitan más que anuncios: exigen infraestructura, asistencia técnica y canales de comercialización que les permitan vivir dignamente del campo.

Víctor Reyes2 min de lectura

El campo de Aysén lleva años reclamando condiciones dignas para producir. No es un capricho: de que se resuelvan estas necesidades depende el sustento de cientos de familias campesinas y el abastecimiento de productos en la región. Ganadería, horticultura y floricultura son actividades que podrían generar empleo local y frenar el abandono rural, pero sin apoyo concreto, los productores siguen trabajando con herramientas insuficientes y sin perspectivas de crecimiento.

En este contexto se pone en marcha Campo Vivo, programa impulsado por el Gobierno Regional de Aysén en alianza con INDAP e INIA. La iniciativa busca dinamizar las actividades campesinas y responde a una demanda histórica del mundo rural. Los productos con sello Patagonia tienen una valoración que podría transformarse en ventaja para los productores locales, pero el propio diagnóstico reconoce que “no basta con tener buenos productos”.

Lo que realmente necesitan los pequeños y medianos productores está claro: capacidad productiva, infraestructura, comercialización, innovación y asistencia técnica. Son carencias que afectan directamente el bolsillo de las familias campesinas y que, de no resolverse, condenan a los productores a la subsistencia y a los consumidores de Aysén a depender de productos externos.

Hay un componente identitario que no puede ignorarse. Aysén nació productivamente mirando hacia el campo. La ganadería y la agricultura fueron durante décadas pilares fundamentales de la economía regional y parte de la identidad de quienes habitan este territorio. Recuperar esa historia no es nostalgia: es la base para proyectar un campo distinto, más sostenible, tecnificado y competitivo.

Sin embargo, el propio texto advierte que “el desafío será” que esta iniciativa se traduzca en cambios concretos. Que los recursos lleguen efectivamente al territorio, que exista acompañamiento permanente y que las instituciones involucradas trabajen de manera coordinada. Hasta ahora, son condiciones pendientes. El campesinado necesita ver resultados, no solo anuncios.

El programa también plantea la necesidad de mirar más allá de los mercados tradicionales. Aysén necesita producir más, pero también agregar valor, diferenciarse y encontrar nuevos canales de comercialización. El objetivo declarado es ambicioso: que productos de Aysén lleguen a mercados nacionales e internacionales. Pero para llegar a eso, primero hay que resolver lo básico en el territorio.

Campo Vivo puede ser una oportunidad para recuperar una vocación productiva que nunca desapareció. El campo sigue siendo parte de lo que somos como región. Ahora el desafío pendiente es que también vuelva a ser, con fuerza, parte de lo que Aysén produce y ofrece al mundo. Para cientos de campesinos y familias rurales, la esperanza está puesta en que esta vez las promesas se conviertan en infraestructura, asistencia técnica y mercados reales.

Con información de: El Divisadero (Chile).

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Víctor Reyes
Redacción · 13 de septiembre de 2026 · 15:41

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