HUGO ORTIZ DE FILIPPI: LOS QUE PIFIAN SON «LUMPEN», PERO LOS PRESUNTOS EXTREMISTAS TAMBIÉN FUERON SUS CLIENTES
Ayer defendía a un implicado en la trama de armas del FPMR; hoy llama «lumpen» a quienes lo pifian. Javier Rebolledo revela otro capítulo de su pasado: garantías bancarias de medio millón de dólares en Estados Unidos. ¡La memoria también tiene derecho a protestar!

HUGO ORTIZ DE FILIPPI: LOS QUE PIFIAN SON «LUMPEN», PERO LOS PRESUNTOS EXTREMISTAS TAMBIÉN FUERON SUS CLIENTES
¡Vaya paradoja de la historia política chilena!
El actual seremi de las Culturas de Los Ríos, Hugo Ortiz de Filippi, de 89 años, acaba de llamar «lumpen» a quienes lo pifiaron durante el Festival Internacional de Cine de Valdivia, comparándolos con barras bravas y delincuentes.
Pero la memoria histórica suele jugar malas pasadas.
El exsenador de Renovación Nacional por Aysén, antiguo dirigente del Partido Nacional y asesor del Ministerio del Interior durante la dictadura, tiene un capítulo bastante singular en su trayectoria profesional.
El periodista Javier Rebolledo, en su libro Camaleón: doble vida de un agente comunista, reconstruye la historia de Mariano Jara Leopold, empresario vinculado clandestinamente al aparato militar comunista y a la logística del FPMR.
¿Y quién consiguió su libertad provisional en 1988, cuando se encontraba encarcelado por la causa relacionada con Carrizal Bajo?
Nada menos que Hugo Ortiz de Filippi.
Y hay una interrogante adicional que merece aclararse: ¿qué hay de los supuestos honorarios de US$15.000 y de los pagos a una cuenta en el extranjero que se atribuyen al relato de aquella defensa? Es una afirmación que todavía requiere comprobarse directamente en el texto y con otros antecedentes.
Porque defender judicialmente a cualquier acusado es un derecho legítimo. Lo cuestionable es descalificar hoy, desde el poder, a ciudadanos que ejercen su derecho a protestar.
Al parecer, para algunos personajes de nuestra historia política, una pifia cultural merece el calificativo de «lumpen», mientras que las contradicciones del propio pasado merecen un conveniente silencio.
La memoria no prescribe por decreto. Y la historia siempre tiene más de un capítulo.
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