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DE TRUMP A KAST: ¿EL DESGASTE DEL HOMBRE NARANJA ANTICIPA EL DERROTERO POLÍTICO DE SUS SEGUIDORES EN AMÉRICA LATINA

A semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, Trump enfrenta un creciente desgaste electoral, cuestionamientos por el costo de la vida y distanciamientos dentro del propio Partido Republicano. Una eventual derrota de sus candidatos podría debilitar su influencia en América Latina y abrir interrogantes sobre el futuro político de sus aliados, entre ellos José Antonio Kast, cuyo gobierno también registra altos niveles de desaprobación. ¿Comienza a perder fuerza el modelo político que ambos representan?

Víctor Reyes3 min de lectura

Estados Unidos se enfrenta el próximo 3 de noviembre de 2026 unas elecciones legislativas decisivas para Donald Trump y el Partido Republicano.

Aunque el mandatario no estará personalmente en la papeleta, sí se juega el control del Congreso, su capacidad de gobernar y la continuidad de su proyecto político.

Las encuestas muestran un escenario adverso para los republicanos.

Los demócratas disputan el control de ambas cámaras y el oficialismo enfrenta un fenómeno particularmente revelador: el distanciamiento político de sus propios candidatos y congresistas.

La senadora republicana Susan Collins, de Maine, y el candidato al Senado Mike Rogers, de Michigan, han marcado diferencias con Trump respecto de los aranceles, la política exterior y otras decisiones gubernamentales.

Una investigación de Reuters constató que, en 41 de 62 contiendas legislativas competitivas, candidatos republicanos habían tomado distancia de determinadas políticas del presidente o reducido públicamente su vinculación con él.

La economía también le está pasando la cuenta al hombre naranja.

El encarecimiento de los combustibles, los aranceles comerciales, la inflación y el alto costo de la vida han afectado a los hogares estadounidenses.

Según Reuters/Ipsos, un 78% de los encuestados atribuye a las políticas de Trump parte de la responsabilidad por el aumento de los precios.

El desencanto comienza a sentirse incluso entre sus propios partidarios.

Su aprobación nacional llegó al 32%, mientras el respaldo entre los republicanos también retrocedió.

En lugar de moderar el enfrentamiento político, Trump continúa protagonizando controversias.

En un reciente mitin en Ohio, una persona que vestía una camiseta exigiendo la publicación de los archivos de Jeffrey Epstein fue golpeada por un aparente simpatizante del mandatario.

Trump, lejos de condenar inmediatamente la agresión, se burló públicamente del peso de la persona agredida.

También ha arremetido contra medios de comunicación que muestran graderías vacías en sus concentraciones, llegando a reclamar arrestos por informaciones que considera falsas.

Estos episodios adquieren particular relevancia al recordar el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, tras la derrota electoral de Trump.

La investigación parlamentaria estadounidense le atribuyó un papel central en los intentos de revertir aquellos resultados.

Fue acusado penalmente, aunque la causa federal terminó desestimada tras su reelección, sin una condena sobre esos hechos.

Hoy, con 80 años, Trump incluso alimenta especulaciones sobre una nueva candidatura mediante la comercialización de gorras rojas con la inscripción «TRUMP 2028», pese a que la Vigesimosegunda Enmienda constitucional le impide ser elegido presidente por tercera vez.

¿Y qué consecuencias tendría para América Latina un debilitamiento del trumpismo?

En Argentina, Javier Milei ha construido una estrecha relación política y financiera con Washington.

En Chile, José Antonio Kast ha reivindicado su cercanía ideológica con Trump. Ecuador, Paraguay y otros gobiernos conservadores también observan con atención el rumbo estadounidense.

Venezuela constituye un caso distinto, pero igualmente relevante por la intervención y la influencia que ejerce Washington sobre su situación política y económica.

En Chile, las señales de desgaste también son visibles. Según Cadem, el presidente Kast registra un 32% de aprobación y un 64% de desaprobación.

Seis de cada diez encuestados rechazan su gestión cuando todavía no completa su primer año de gobierno.

Los partidos republicanos de ambos países son organizaciones independientes, pero comparten afinidades políticas que permiten examinar comparativamente sus discursos, sus promesas y sus dificultades de gobierno.

Si el 3 de noviembre los republicanos estadounidenses pierden el control del Congreso, Trump continuará siendo presidente, pero enfrentará un escenario institucional mucho más complejo. Sus consecuencias podrían trascender las fronteras estadounidenses y abrir un debate sobre la influencia del trumpismo en América Latina.

De Trump a Kast, la pregunta política resulta inevitable: ¿estamos observando dos gobiernos sometidos a un desgaste ciudadano semejante, o simplemente procesos nacionales distintos que coinciden en el tiempo?

La respuesta no está escrita.

Pero las encuestas, el costo de la vida y las tensiones al interior del propio oficialismo ofrecen señales que merecen atención.

El próximo 3 de noviembre puede entregar una primera respuesta.

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Víctor Reyes
Redacción · 13 de octubre de 2026 · 13:37

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